lunes, 26 de junio de 2017

ENCUENTROS EN LA ACADEMIA. (312) Habaneras

1.- HABANERAS O CANCIONES DEL MAR.
La habanera es un canto romántico, de amores y desamores, con aire lento que nos recuerda el ritmo de las olas o el balanceo de los barcos cuando navegan, parecen querer transportarnos en una larga travesía al otro lado del océano. Con letras de encanto y a la vez nostálgicas.
Es un género musical que se les atribuye a los marinos españoles, evocan sus largas travesías rumbo a América, donde La Habana era su principal puerto de recalada.
Muchos estudiosos de la habanera, encuentran cierto parentesco entre la estructura de ésta y la del tanguillo gaditano.

1.-ORIGEN.- Este género musical tuvo su origen en la Habana (Cuba), sobre la primera mitad del siglo XIX y las primeras noticias que se tienen de esta música, es el danzón titulado “El amor en el baile” de autor anónimo, era sólo una música de ritmo lento. La noticia de su existencia, se publicó en el periódico de la Habana, “La Prensa”, el día 13 de noviembre de 1842, en el que se informa que fue interpretado en los salones del café La Lonja, situado en la calle O´Reilly de la capital.
Como asegura Zoila Lapique, investigadora cubana, “Es una de las primeras piezas de la que surgiría posteriormente el género denominado “habanera.”



2.- LA PRIMERA HABANERA.
La canción “La Paloma”, es considerada la primera habanera de la historia. La compuso  el músico español Sebastián Iradier, nacido en Lanciego (Álava) en 1809. Era una persona de ideas liberales con espíritu licencioso y aventurero, vividor y algo de donjuán, atildado, no en vano le decían “el dandy vasco”, estaba dotado de una gran simpatía.
 De vida social muy intensa, repartida entre su tierra, Madrid y Paris. Entre sus amistades se contaba la Condesa de Montijo, Lola Montes, Prospero Merimé, incluso le daba clases en Paris a la hija de la Condesa de Montijo, Eugenia de Montijo, ya Emperatriz de Francia por su boda con Napoleón III.

SEBASTIÁN IRADIER
Sebastián Iradier, aparte de compositor, dominaba el piano, el órgano y la guitarra.
Realizó en el año 1861 unos de sus viajes a EEUU, México y Cuba, y fue en este último lugar, donde escuchó el danzón “Amor en el baile”. En 1863, ya en España, es cuando nace la canción “La Paloma,” inspirada en dicho danzón,  dándole un ritmo de tango pero más lento.
Se estrenó en la Habana en 1865, cantándola por primera vez el barítono  Francisco Salas, más tarde fue la melodía de moda en todas las islas caribeñas y está considerada como la primera habanera de la historia.
Quizás Iradier, en la letra, se inspiró del episodio ocurrido 492 años a.j. cuando la tropa naval persa mandada por Mardonio, fue destruida por un temporal cerca de Grecia. Al hundirse las naves, las palomas blancas escaparon, desde entonces estas aves significan mensajes de amor y de noticias.




“La Paloma” ha sido interpretada por todos los cantantes e incluso Elvis Presley.  Ha intervenido en innumerables películas, y entró en el libro del Guines por haber sido cantada por el coro más grande  del mundo, 88.600 personas en Hamburgo el 9 de mayo del año 2004.
Curiosamente en Tanzania se utiliza en los casamientos y en Rumanía en los entierros.
En la letra de la canción se utiliza las siguientes palabras: Guachinanga o Guachinango.- era una forma que tenían en Cuba de llamar a los nacidos en México.- Chinita.- En Cuba se llama chino al descendiente de negro y mulata, o de mulato y negra.
Recomendamos que oigan esta hermosa canción por cualquiera de sus múltiples intérpretes.
Sebastián Iradier publicó en Paris un álbum de canciones llamado “Flores de España”, donde contenía también otra habanera suya llamada “El Arreglito” y que más adelante valoraremos su importancia.
Murió 2 años más tarde, en el más completo olvido e indigencia. No le debía merecer mucho al maestro Barbieri, autor de zarzuelas de la época, cuando a la muerte de Sebastián Iradier, escribió de él, “Plagiario y cantante de canciones españolas, “dicen” que con gracia, hombre de gran historia y poca vergüenza”.

3.- HABANERA DE LA OPERA CARMEN  DE GEORGE BIZET.
En la ópera Carmen de Bizet, estrenada en 1875 (ya fallecido Sebastián Iradier), la habanera que se canta en dicha obra, conocida por “El amor de un pájaro rebelde”, es
un plagio del “Arreglito”. Aunque hay autores que afirman que Iradier se la vendió a Bizet por 40 francos. Lo que sí es verdad que Bizet la incluyó con el nombre de Avanera, (sin h y con v),  llamándose así desde entonces a todas las canciones creadas sobre el patrón rítmico impuesto por Sebastián Iradier.
Bizet la tomó porque simplemente le gustó para su obra, posteriormente se excusó, argumentando que él se creyó que esta obra era anónima española, de todas formas Bizet la llamó Avanera y de ahí derivó el nombre de Habanera, llevándola hasta el género lírico.


4.- EXTENSIÓN DE LA HABANERA.
A partir del final del siglo XIX, el género musical “Habanera” está extendido por toda España y sus colonias, como se demuestra en la película “Los últimos de Filipinas”, rodada en 1945, sobre un hecho ocurrido en 1898 en la aldea de Balen en Luzón (Filipinas).
El capitán Enrique de las Morenas y Fossi y 57 soldados, quedan sitiados en la iglesia del pueblo, el sitio dura 337 días esperando refuerzos que nunca llegaron. Deciden rendirse, cuando tienen noticias del Tratado de Paris en el que Filipinas se declara independiente.  El director de la película, Antonio Román, quiere expresar la nostalgia de los españoles hacia su tierra, y la mejor forma es cantando una habanera, “Yo te diré” cuyos autores son Enrique Llovet y Jorge Halpern.

5.- ESTADO ACTUAL DE LA HABANERA EN ESPAÑA.
Vamos a darnos un recorrido por nuestra geografía hispana y comentaremos la situación en cada región, de este género musical.
1.- Bilbao.- Se celebran todos los años festivales de habaneras, los más famosos son los de Erandio y Getxo.
Recomendamos oír la habanera bilbaína por excelencia “Un inglés vino a Bilbao” cantada por el coro de los cinco bilbaínos de Erandio. El autor de esta habanera es José de Juan de Águila “Trayter”.



2.- Asturias.- La habanera “La Capitana”, escrita por el cantautor Carlos Rubiera en 1987, es una de las más bonitas de Asturias. Carlos Rubiera nacido en Cabueñes Gijón en el año 1956, es profesor de música en un colegio y docente de lengua y cultura popular asturiana. Gran investigador de la música asturiana.
3.- La Coruña.- Llevan más de treinta años organizando el festival de habaneras y una de sus habaneras más famosas, es la titulada “La Coruña” cuyo autor es Emilio Rodríguez Iglesias “Pirulo”, presidente de la tuna de veteranos de La Coruña.
4.- Torrevieja (Alicante).- Todos los años se celebra el Certamen Internacional de Habaneras y Polifonía, comenzó en el año 1955 y este año es la 61 edición.
Desde el principio intervienen diversos coros tanto locales como venidos de otros puntos de España. Existen dos coros locales rivales, “Los Alpargates” de gente humilde y “los Sapatos” formado de gente más pudiente. Forman una rivalidad sana y llegado el momento, se ayudan unos a otros.
Torrevieja ha sido el lugar de nacimiento de uno de los más grandes compositores de habaneras de España, Ricardo La Fuente Aguado (1930-2006), su figura todos los años es recordada. De condición muy humilde, su padre era salinero, desde muy pequeño trabajó de impresor y en casa de los dueños de la imprenta había un piano, donde aprendió a tocarlo de forma autodidacta, haciendo composiciones desde muy joven.
En el primer festival de habanera de 1955 gano una de sus composiciones, la habanera “Torrevieja”, donde Ricardo expresa su amor hacia su pueblo. Esta habanera es como un himno actualmente en Torrevieja.
Otras grandes habaneras compuestas por este autor son: “Soy español” y “Cubana y española”.
5.- Cataluña.- Desde el principio en la costa brava, este tipo de canciones eran cantadas en bares y tabernas, de forma espontánea en las largas tardes de invierno.
Actualmente, se celebran todos los años, cantadas y recitales en Tossa de Mar y Calella de Palafrugell, se tienen noticias de la existencias de más de 100 grupos de conjuntos de habaneras. Una de las habaneras más conocidas es “La bella Lola” de autor anónimo.




6.- Santos de Maimona. (Badajoz).- Con gran tradición de habaneras, cuentan con un coro denominado Son de los Santos. Una de sus más famosas habaneras es la titulada “La novia del pescador”, del compositor extremeño Fernando García Morcillo y la letra del aragonés Francisco del Val. Es una carta de amor, llena de poesía, belleza y sensualidad. Se le rinde homenaje a las mujeres de los marineros (madres, esposas, hijas), que soportan esas largas ausencias de los mismos en el mar.  
7.- Cádiz.- El tanguillo gaditano, vestido de forma diferente al del carnaval, ha sido origen de preciosas habaneras.
a.- Jesús Bienvenido, es el autor de transformar un tanguillo de la comparsa “Los Mendas Lerendas” por “La habanera del levante”, cantada de forma genial por el mismo cantante de la comparsa, Arturo Guzmán,
b.- Antonio Martínez Ares, un conocido cantautor carnavalesco, le debemos la preciosa  “Habanera de los ojos cerrados”, un pregón a la ciudad de Cádiz, cantada de forma electrizante por Pasión Vega.
c.- Habanera de Cádiz, compuesta por Carlos Cano y Antonio Burgos, ha sido interpretada por multitud de cantantes, tunas, corales polifónicas, bandas de música, entre ellas la del buque escuela Juan Sebastián El Cano.
d.- La orquesta gaditana Plector, tiene en su repertorio una habanera compuesta por José Antonio Cervantes y la letra de Manuel Lobato, titulada “La goleta antillana”, fue estrenada en el Gran Teatro Falla en el año 2009 en el primer festival de habaneras “De la Habana a Cádiz”.
                                                                        José Valencia Roldan, Dr. C.C. Náutica
                                                                        Socio colaborador de la Academia

miércoles, 21 de junio de 2017

EL MUNDO DE LA MÚSICA. CAPÍTULO VII (2)

Compositores del Barroco (2)
 
Alessandro Scarlatti (1660-1725)
Nació en el seno de una familia musical en Palermo (Sicilia), pero muy joven, a los doce años, se trasladó a Roma, donde completó su formación musical. Su primera ópera “Gli equivoci nel sembiante” - Los equívocos del rostro – una comedia pastoril concebida para ser interpretada en un escenario exterior, con un reparto reducido y pocos músicos, fue estrenada en Roma con tan gran éxito que, en 1682, la reina Cristina de Suecia, fanática de la ópera italiana, lo nombró maestro de capilla de San Giordano de la Carità.  A aquella primera ópera de 1679, le siguió otra en 1680 “La honestidad en los amores” que fue la primera representada en el palacio real de Suecia. En 1685 se trasladó a Nápoles, donde obtuvo el puesto de maestro del Teatro del Palacio Real, cargo que  desempeñó hasta febrero de 1689, fecha en la que fue nombrado profesor del Conservatorio de Santa María de Loreto.
A Scarlatti se le considera el fundador de la Escuela Napolitana de Ópera del siglo XVIII, pero eso no es del todo cierto pues, aunque sin duda desempeñó un papel relevante en el ámbito de la ópera de finales del siglo XVII y principios del XVIII, sus óperas son precursoras de las que más tarde, a finales del siglo XVIII, consolidarían el estilo clásico del género.
Hugo Rieman dice de él:
<<Todas las obras de Scarlatti son de un valor excepcional. Además de las innovaciones aportadas a la composición de la orquesta y en la plástica del aria, el nombre de Scarlatti indica en la historia de la música el más alto representante de una gran época de la Escuela Napolitana, por la extraordinaria belleza melódica de sus composiciones vocales. Con él, el canto italiano alcanza su apogeo por el brillante virtuosismo y la amplia línea expresiva. Estableció la forma y los caracteres, y muchos de sus grandes sucesores en la escuela de música vocal del siglo XVIII, incluso Händel y Hasse, no pudieron hacer, en este aspecto, otra cosa que seguir el camino trazado por él>>.
Durante su estancia en Nápoles, compuso óperas para el teatro de la corte y para el de San Bartolomé; también para el de Roma, pero la hostilidad del Papa al teatro y a la ópera era tal que, en 1697, ordenó demoler el magnífico teatro “Tor di Nona”, por lo que Scarlatti se vio obligado a dedicarse a la composición de música sacra – cantatas, oratorios, conciertos sacros y misas – entre ellas la “Misa Clementina”.
Su extensa y variada obra: oratorios, cerca de veinte; serenatas, otras tantas; cantatas de cámara, más de seiscientas; misas, unas doscientas; conciertos sacros, motetes y tocatas, preludios y fugas, sonatas a cuatro –dos violines,viola y violoncelo-, suites para flauta y clave, sinfonías de cámara, doce; llegó a componer ciento quince óperas, de las cuales sólo se conocen los títulos de ochenta y siete.
Pese a su reputación de maestro de la ópera napolitana del sigloXVIII, rechazó muchos de los elementos de las nuevas óperas cómicas napolitanas. Su ópera bufa “Il trionfo dell’ onore”, que revela un talento cómico notabilísimo, pese a ser quizá la más puramente napolitana de todas sus óperas, no contiene ninguna de las características más populares de la época, como la tarantela.
            Su obra “Il prigionero Fortunato” (1698), fue una de las primeras obras en incluir el fagot, a menudo doblando al oboe.

            

Tomaso Albinoni (1671-1751)
Nacido en Venecia, pasó la mayor parte de su vida en su ciudad natal. Músico independiente, fue, Junto con Antonio Vivaldi, uno de los grandes compositores italianos del Barroco tardío. Cultivó con éxito tanto la música vocal profana, cantatas y óperas, como la instrumental, sonatas y conciertos. En la década de 1720, su fama como compositor de música instrumental había llegado muy lejos, tanto que J. S. Bach utilizó temas de las sonatas en trío Op.1 de Albinoni, como base para varias de sus fugas. Durante su vida, relativamente larga, produjo una considerable cantidad de música:
Misa a capella para tres voces masculinas, cantatas para voz y bajo continuo, cien piezas de música de cámara para entre uno y seis instrumentos, doce conciertos a cinco Op.5, doce conciertos a cinco Op.7, doce conciertos a cinco Op.9, ocho sinfonías y unas cincuenta óperas.
El concierto para violín surgió entre Bolonia y Venecia hacia el año 1700. El propio concierto Op.5 de Albinoni, es un elemento crucial en la evolución del concierto – de grosso a solista -. Uno de sus rasgos definitorios es que la partitura del violín se destaca con claridad del acompañamiento, lo que no era habitual hasta la fecha. También, el papel de acompañante de la orquesta queda mejor definido que en las obras anteriores, lo que se traduce en que el conciertos se percibe como un enfrentamiento entre el solista y la orquesta, y la música se convierte en dialogo o competencia. Los conciertos Op.5 tendrían una enorme influencia en los países del norte de Europa.
Es curioso que, el famoso Adagio en sol menor que se le atribuye a él, se deba, en realidad, a Remo Giazotto, compositor del siglo XX, especialista en la música de Albinoni. Según él, la obra se basa en fragmentos tomados del movimiento lento de una sonata en trío de Albinoni.







Antonio Vivaldi (1678-1741)
            Compositor y violinista italiano, nacido en Venecia y fallecido en Viena. Aunque nunca desempeñó oficio religioso alguno, Vivaldi se ordenó en 1703, por lo que recibió el sobrenombre de “il preto roso” (el cura pelirrojo). Fue uno de los compositores más grande e influyente del Barroco tardío. Sus aportaciones a la orquestación, y en particular al género del concierto, así como su estilo, fueron fundamentales para el desarrollo de la música instrumental en el siglo XVIII. Su originalidad se aprecia en la música orquestal programática.
Compuso más de quinientos conciertos, de los que 230 son para violín solo. También escribió cincuenta óperas, cuarenta cantatas, noventa sonatas solistas o en trío y cincuenta obras sacras, pero sus composiciones más importantes fueron los conciertos escritos para violín, que han sido calificados de << más bellos y más cálidos que los de J.S. Bach”>>.
Su obra Op.8, en la menor, incluye varias obras programáticas, de las cuales, las más conocidas son  Las cuatro estaciones, cuatro conciertos para violín en las que se hace patente la rica imaginación pictórica, cromática y musical del compositor. Cada estación, acompañada de un soneto que la describe, se representa a través de una amplia variedad de técnicas violinísticas y orquestales.
En el invierno, por ejemplo, notas en “staccato” de registro agudo sugieren una lluvia invernal, mientras que pasajes descendientes muy rápidos ilustran el hielo resbaladizo. En el último movimiento, el verano, se oye una tormenta.
Entre las muchas obras de Vivaldi, las más influyentes fueron tres colecciones de doce conciertos cada una: L’estro armonico (la inspiración armónica) Op.3; La stravaganza (la extravagancia) Op.4; e Il cimento dell’armonia e dell’inventione (la lucha entre la armonía y la invención) Op.8.
En L’estro armonico, la diversidad en la orquestación y las innovaciones formales resultan sorprendentes. En especial sobresale su recurso al ritornello  – estribillo - en los movimientos rápidos: el desarrollo armónico tiene lugar en el estribillo, que se presenta en varias ocasiones a cargo de la orquesta y en varias tonalidades, alternado con secciones solistas de carácter melódico más libre.  La forma ritornello constituiría la base del posterior desarrollo de la sinfonía clásica en el siglo XVIII. Este modelo lo adoptaron e imitaron otros compositores y fue el paradigma del concierto de tres movimientos: rápido-lento-rápido. Bach transcribió la música de Vivaldi y asimiló algunas de sus características en su propio estilo.
La influencia del concierto también se percibe en las obras vocales de Vivaldi, en lo que se refiere a su forma y estilo. En especial los motetes se consideran <<conciertos para voz>>, pues su adornada tesitura vocal está concebida como si la voz fuera un instrumento, exhibicionismo vocal relacionado con la ópera que estaba haciéndose común en la música sacra a pesar de que las autoridades eclesiásticas lo consideraban inaceptable. Un rasgo singular de la música de Vivaldi es el empleo de violines para conducir la melodía principal mientras el coro acompaña en el fondo, técnica que augura la misa sinfónica de finales del siglo XVIII.



Descubra su música: pinche en la obra que quiera escuchar.

STONEHENGE. Solsticio de verano

Hace miles de años, el ser humano empezó a observar las estrellas en busca de patrones y reglas que lo ayudasen a entender el mundo.


En el solsticio de verano, el Sol salía justo atravesando el eje de la construcción, lo que hace suponer que los constructores tenían conocimientos de astronomía. El mismo día, el Sol se ocultaba atravesando el eje del Woodhenge, donde se han encontrado multitud de huesos de animales y objetos que evidencian que se celebraban grandes fiestas, probablemente al anochecer.



Stonehenge, localizado a cien kilómetros al oeste de Londres, en la llanura de Salisbury, se encuentra uno de los monumentos megalíticos, tipo crómlech, de la Edad del Bronce, más inquietantes de la humanidad. Con sus colosales rocas, cuyos pesos varían de dos a treinta y cinco toneladas, es la construcción megalítica más fascinante de la historia. Su construcción se remonta a la noche de los tiempos, a civilizaciones que no dejaron a su paso escritos que nos permitieran conocer con seguridad su origen.

Nadie conoce el origen de este complejo milenario, pero algunos lo fechan sobre 3000 a. C. En la Edad Media, ya existía la creencia popular de que el conjunto era un círculo de gigantes petrificados, de allí que se le conociera como la "Danza de los Gigantes". Pero hay otras leyendas que sugería que las piedras fueron llevadas allí por el Mago Merlin, desde Irlanda, con la ayuda de unos "artefactos", para conmemorar un entierro masivo de bretones. Lo cierto es que el pueblo sajón les recordaba las vigas en las cuales colgaban a los criminales, por lo cual empezaron a conocerlo como "Stonehenge" (La horca de piedra o la piedra del colgado).

Está formado por grandes bloques de piedra distribuidos en cuatro circunferencias concéntricas. La exterior, de treinta metros de diámetro, está formada por grandes piedras rectangulares de  arenisca que, originalmente, estaban coronadas por, dinteles también de piedra, quedando hoy en día sólo siete en su sitio. Dentro de esta hilera exterior se encuentra otro círculo de bloques más pequeños de arenisca azulada. Éste encierra una estructura con forma de herradura construida con piedras de arenisca del mismo color. En su interior permanece una losa de arenisca micácea conocida como «el Altar».

Todo el conjunto está rodeado por un foso circular que mide 104 m de diámetro. Dentro de este espacio se alza un bancal en el que aparecen 56 fosas conocidas como los «agujeros de Aubrey». El bancal y el foso están cortados por «la Avenida», un camino procesional de 23 metros de ancho y 3 kilómetros de longitud, aproximadamente. Cerca se halla la «Piedra del Sacrificio». Enfrente se encuentra la «Piedra Talón». Está compuesto de un gran círculo de grandes megalitos  cuya construcción se fecha hacia el 2500 a. C.   El círculo de arena que rodea los megalitos está considerado la parte más antigua del monumento, habiendo sido datada sobre el 3,100 a. C.

En su comienzo era un monumento circular de carácter ritual rodeado por un talud y un foso, de modo similar a muchos otros situados en el sur de Inglaterra.
Finalmente el monumento tomó su aspecto actual, para lo cual transportaron 32 bloques de arenisca desde las montañas de Preseli, al suroeste de  Gales y la piedra del «Altar» fue traída desde una región cercana a Milford Haven. Se especula actualmente con la posibilidad de que se hubieran movido utilizando bolas de madera o piedra o cojinetes  a modo de rodamientos, y no con troncos como se pensó originalmente.
La finalidad que tuvo la construcción de este gran monumento se ignora, pero se supone que se utilizaba como templo religioso, monumento funerario u observatorio astronómico que servía para predecir las estaciones.



 Han sido encontrados 240 enterramientos de restos humanos previamente cremados, datados entre el año 3030 y 2340 a. C.  Dado el poco número de entierros para un período tan largo, se estima que no se trata de un cementerio para la generalidad de los muertos sino para determinadas personas escogidas. Para los paganos, la piedra era el símbolo de lo eterno; servía para marcar o delimitar puntos energéticos terrenales (telúricos) y hasta para albergar espíritus elementales. Así es que Stonehenge podría haber sido utilizada junto con Woodhenge en ceremonias religiosas de culto a los muertos y a la vida, tal vez simbolizada por el círculo de madera. 

martes, 20 de junio de 2017

DISCURSOS DE INVESTIDURA DE LOS ACADÉMICOS DE SANTA CECILIA.



Si desean leer, imprimir o descargar algún discurso, pulsen con el ratón en el nombre del académico. Ordenados alfabéticamente:

Alfonso Pérez Moreno


Ángel Salvatierra Velázquez


Antonio Leal Giménez


Carmen Cebrián González


Carmen Garrido Pérez


Enrique García Máiquez

Francisco González de Posada






José López Ruiz

José M. Sevilla Fernández


José Joaquín Solís Muñoz-Seca

José Luis Alonso de Santos

José Luis García Ruiz


José Luis Tejada Peluffo


Juan Antonio Villarreal Panadero

Juan M. Albendea Pabón

Juan Gómez Fernández


Juan José Iglesias Rodríguez


Luis Muñoz Bellvís 

Luis del Olmo Marote

Luis Suarez Ávila

Manuel González Jiménez


Manuel Pérez Casaux


Miguel A. Pastor Pérez

María Ángeles Frende Vega


Pedro Salvatierra Velázquez


Vicente Crespo Ferrer

Vicente Flores Luque

Vicente Quesada Paloma


ENCUENTROS EN LA ACADEMIA (311)

A lo largo del año, de Octubre a Junio, rara es la semana en que no leemos algo sobre las actividades llevadas a cabo por esta Asociación, que ofrece eventos, actos culturales o actividades y talleres de todo tipo, semana tras semana.
Fue hace ya cinco años, cuando la incansable e infatigable  Tina Fuertes, profesora de Historia del Arte, apartada de sus labores educativas desde hace diez años por una terrible enfermedad contra la que lucha cada día con todas sus fuerzas, soñó este proyecto que solo podría soñar una mente como la suya, convencida de que la gente colaboraría con ella en la tarea de ofrecer a los demás aquello que habían acumulado a lo largo de sus vidas. La experiencia, el conocimiento, las habilidades... y no se equivocó.

De manera totalmente altruista, multitud de personas se ofrecieron para participar de forma desinteresada, viendo en este proyecto la forma de devolver a la sociedad algo de lo que ellos habían recibido de ella.  Hay muchas más personas de las que se piensa, llenas de generosidad y de deseos de ser útiles a los demás, sin recibir nada a cambio, solo por la satisfacción de ayudar.


Los estatutos de la Asociación son muy escuetos, no hacen falta muchas especificaciones porque la Tribuna que pone a disposición de los colaboradores, está abierta a todas las materias, a todas las formas de pensar, sin ningún tipo de traba ni imposición. 

Solamente puso Tina dos condiciones a todos cuantos quisieran colaborar, no hablar de religión ni de política. Cada uno es libre de tener unas ideas religiosas o políticas y todas son aceptadas y respetadas, pero no deben de ser utilizadas en nombre de “Compartiendo Saberes”.



Hay dos grandes grupos de actividades en la Asociación, los actos culturales y los talleres.  En estos últimos en los que se trata de enseñar a los asistentes a realizar algún tipo de trabajo, ya sea artesanal o artístico, se han dado clases de “castañuelas, “sevillanas”, “zumba”, creación literaria, labores, acuarela, patchwork, etc.

Quizás el taller más importante impartido sea el de la fotografía con tantos asistentes, que se ha creado una sección dentro de la Asociación, llamada “Compartiendo Trípode” y lo mismo podríamos decir del taller dedicado a canciones corales, principalmente “Sevillanas”, que ha adquirido una importancia tan grande que también ha merecido ocupar por si sólo otra sección a la que se ha llamado “Compartiendo Voces” y que dirige Carlos Cordón. 

En cuanto a los actos culturales son de una amplísima variedad, desde ciclos cinematográficos dedicados cada año a un tema distinto hasta conferencias sobre poesía, historia, informática, como hacer una página web o un 'blog', patrimonio local, gastronomía, decoración, comportamiento social, esperanto, educación, trato con los adolescentes, como hacer un testamento, etc. etc. etc.

Cada vez es mayor el número de personas que quieren sumarse a este proyecto y se ofrecen para realizar alguna actividad en la que creen poder ser útiles a la sociedad.

Este curso ha terminado pero en Octubre volveremos a oír de nuevo hablar de las actividades de esta incansable asociación.
Jesús Almendros Fernández
Socio colaborador de la Academia

sábado, 17 de junio de 2017

EL MUNDO DE LA MÚSICA. CAPÍTULO VII (1)

Compositores del Barroco (1)
Johann Pachelbel (1653-1706)
           
Nacido y fallecido en Nuremberg, fue organista y compositor en la Corte de Eisenach, donde estableció amistad con Ambrosius Bach, el padre de J. S. Bach. Ocupó el cargo de organista en Viena, Eisenach, Erfurt, Stuttgart, Gotha y Nuremberg, sucesivamente. Fue uno de los más acérrimos propagadores de la música sacra de órgano antes que J. S. Bach y las diversas plazas que ocupó de organista le sirvieron para conocer a fondo las particularidades del estilo de los organistas alemanes, particularidades que sintetizó en sus composiciones. Pachelbel está considerado uno de los mejores organistas de la antigua escuela alemana, aunque algunas de sus obras, escritas con mucha naturalidad y sin prejuicios de escuela, representan un notable progreso sobre otras composiciones.
La importancia de la música de Pachelbel reside en sus obras para órgano, síntesis fecunda de elementos de la Alemania del centro y del sur. Se caracterizan por su excelente construcción, por la simplicidad de su armonía y la riqueza de la técnica de la variación. Son, por ello, música ideal para iglesia. Por el contrario, las célebres variaciones en canon representan un testimonio tardío del arte de los ministriles. En sus obras vocales se muestra conservador, dando un lugar preponderante al motete sobre la cantata. Sus Magnificat se aproximan al motete.
         Sus obras para clavecín contienen cuatro variaciones corales y seis arias con variaciones. Tres suites para instrumentos de teclado. Para varios instrumentos, seis sonatas en trío. Siete cantatas sobre textos diversos. Una misa y una misa breve. Un catálogo completo de obras vocales que contiene trece Magnificat  y diecinueve arias. Para órgano numerosas composiciones libres: preludios, fugas, tocatas y chaconas, fugas sobre el Magnificat.
         Entre sus composiciones hay que destacar su célebre Canon en Re mayor, escrito para tres violines y bajo continuo, el único que escribió, obra que no es estrictamente un canon sino, más bien, una Chaconne. Además de ésta compuso otra Chacona, tal vez la más conocida Chaconne en Fa menor, la Toccata en mi menor para órgano, y el Hexachordumm Apollinis, una serie de variaciones musicales para teclado.
         Pachelbel exploró muchas técnicas y formas de variaciones musicales, dejándolas manifiestas en varias de sus obras, desde conciertos de música sacra hasta suites de clavicordios. 


Arcangelo  Corelli (1653-1713)
            Arcangelo Corelli fue uno de los más destacados violinistas y compositores del Barroco Italiano. Nacido en 1653, en Fusignano, y muerto en 1713, en Roma, ciudad donde pasó la mayor parte de su carrera y donde alcanzó una gran reputación como violinista, se dice que era inimitable en sus artísticas interpretaciones, por lo que ha sido llamado <<padre del violín moderno>>. Se le consideraba el músico más notable de Italia y, los críticos contemporáneos hablaban de su increíble flexibilidad técnica, alababan el hermoso sonido y la brillantez de sus interpretaciones. Festejado y honrado en todas partes, fue el favorito de la alta sociedad romana.
Históricamente, la música en las composiciones de Corelli,  constituye un paradigma de refinamiento y moderación, apreciadas por su alto valor pedagógico y adaptabilidad, pues en ellas estableció los fundamentos de la sonata y del concerto grosso. Sus composiciones muestran las mismas cualidades de distinción que debían tener sus interpretaciones. Transmitió sus altos ideales y principios a sus discípulos que se han mantenido incólumes hasta nuestros días. Bach y Händel son sólo dos de los muchos compositores del siglo XVIII que basaron su obra instrumental en las composiciones de Corelli. Quizás porque se dedicó, casi con exclusividad, al género instrumental fue capaz de elevarlo hasta un nivel de perfección nunca antes alcanzado.
J. Combarieu ha escrito acerca de Corelli:
<<La importancia de Corelli reside en el hecho de que proporcionó progresos al estilo, a la lógica y a la frase del discurso musical, es decir: al arte constructivo de la composición. La nobleza y el carácter expresivo de sus adagios han sido elogiados frecuentemente. En sus sonatas para violín sólo habla con un lenguaje personal>>
Corelli compuso doce sonatas para violín, cuarenta y ocho sonatas en trío – para uno o dos instrumentos melódicos y bajo continuo – y doce concerti Grossi – conciertos para un grupo reducido de solistas con acompañamiento orquestal – obras que se reimprimieron, una y otra vez, a lo largo del siglo XVIII. Sus obras también se han adaptado para instrumento de teclado y diferentes combinaciones instrumentales.
Las doce sonatas para violín comprenden seis <<sonate da chiesa>> y seis <<sonate da camera>>. Las primeras seis se componen de movimientos con indicaciones de tiempo abstractas, como alegro o adagio, con una secuencia lento-rápido-lento-rápido, en las que el violinista ornamentaba la melodía. Aunque los cuatro movimientos eran la norma, estas seis sonatas del Op.5 de Corelli, contienen cinco. Cada una de ellas se inicia con un lento preludio y fuga, y finaliza con un movimiento rápido. En cambio, las sonatas de cámara poseen tiempos de danza como la alemanda, la sarabanda, la gavota y la giga. Cada una de ellas presenta un tempo y un carácter rítmico y melódico característicos. La sarabanda se distingue por su lento ritmo ternario y su acento sobre el segundo tiempo; en cambio, la giga es rápida y ágil, con compás compuesto.

Las siguientes generaciones de violinistas continuaron publicando ediciones de sus sonatas Op.5, a las que añadían formas cada vez más complejas de ornamentación – adiciones decorativas a las melodías del compositor. Las obras de Corelli también se han adaptado para instrumentos de teclado y diferentes combinaciones instrumentales.






Henry Purcell (1659-1695)
            Nacido en Westminster (Londres)  y fallecido el día 21 de noviembre, en la misma ciudad, fue uno de los más destacados compositores ingleses, y ha sido llamado el más grande genio natural de la música inglesa, y la palabra “natural” señala esa sensación de soltura y espontaneidad que caracteriza su obra.
Henry Dupré decía de él: <<Ni una sola traza de esfuerzo puede encontrarse en sus melodías; brotan espontáneamente a la vida. Purcell canta con la misma naturalidad que un pájaro>>
Eric Bloom escribe: <<Llamarle el más grande compositor de la segunda mitad del siglo XVII, sería ridículamente obvio…Hablar de él como el único gran compositor de esa época apenas resulta exagerado…No tenemos más que contemplar la Europa musical desde 1650 hasta 1700 para comprobar, de cualquier manera, que  Henry Purcell se alza solo entre los grandes como maestro absoluto>>
            De niño, Henry Purcell, llegó a ser miembro del coro de la Capilla Real, donde además de aprender canto y a leer música, aprendió a tocar el laúd, el violín y el órgano. En 1667, con sólo ocho años, fue nombrado compositor para la orquesta <<Los Violines del Rey>>, cuya misión consistía en tocar las composiciones requeridas, generalmente arias y danzas, en las funciones de la corte, siempre que el rey estuviese en la localidad.
            En 1679 sucedió a John Blow como organista en la abadía de Westminster, donde compuso una canción para dar la bienvenida al rey a su regreso de Windsor, primera de las muchas composiciones que escribiría en su cargo como compositor de la corte, y en 1682 fue nombrado organista de la Capilla Real.
Durante su estancia en el cargo publicó sus sonatas en tres partes, que fueron dedicadas al rey. Una de las más hermosas obras de Purcell, escrita en abril de 1685, fue el himno “My heart is inditing of a good matter” para la coronación de Jacobo II, poco después fue nombrado clavecinista de la nueva música del rey.
            Su ópera Dido y Eneas, probablemente la obra más famosa de Purcell, y la única que se considera una ópera auténtica, de la cual Albert Einstein dijo:
<<Se alza por sí sola como un pináculo, siendo un modelo de expresión pura y profunda, obtenida con los medios más modestos>>.
            En ella, el famoso lamento de Dido se basa en la técnica del basso ostinato  –bajo obstinado- que consiste en repetir, una y otra vez, los bajos de una frase o motivo melódico, mientras que la voz más aguda entra y sale, permitiendo que a veces el bajo se oiga y otras actúe de forma, en apariencia, independiente.
            Después de ésta no volvió a intentar la forma pura de la ópera, pero sí que se dedicó más activamente al teatro. Escribió la música para una producción de esta clase de  género, la semi-ópera Diocleciano, y comenzó su colaboración con el poeta Dryden, escribiendo la música para la comedia Anfitrión de dicho poeta.   
Un año más tarde, ambos autores colaboraron en una ópera patriótica: El rey Arturo o los dignos ingleses”, que obtuvo un brillante éxito. Aún tuvo Purcell otro gran triunfo, en 1692, con The Fairy Queen (la Reina de las hadas), una extravagante adaptación de El sueño de una noche de verano, de Shakespeare.
Ese mismo año escribió también la música para otras siete obras de teatro y una celebrada oda para el día de la festividad de Santa Cecilia, patrona de la música: Hail, brigth Cecilia (salve, resplandeciente Cecilia), así como su oda más conocida para la reina María: Celebrate this festival.
            En los últimos años de su vida escribió la música de una comedia tras otra, incluyendo dos adaptaciones operísticas: The Indian Queen y The Tempest, en las que se encuentra parte de la mejor y más madura ´de su música.
            En su tumba, en la abadía de Westminster, reza este epitafio:

<<Aquí yace Henry Purcell, quien dejó esta vida y se marchó a ese bendito lugar, el único donde su armonía se puede ver superada>>
Academia de Santa Cecilia


viernes, 16 de junio de 2017

LA MUJER EN LA HOSPEDERÍA (10)

Aquí todo esto es ajeno al frenesí, pero siempre hay movimiento, todo está perfectamente medido, son tres simples palabras que no dejan ningún hueco en las veinticuatro horas de cada día: “Ora et labora”. Procuro adaptarme lo mejor posible, e incluso me gustaría seguir de una manera más calcada el ritmo de vida de los monjes, pero no lo consigo. Las interrupciones de la oración son las que rompen el transcurrir de mi tiempo. A veces siento el deseo de ir a rezar con ellos; y he salido corriendo por el pasillo hacia la iglesia cuando he oído el sonido de la campanita. Aunque a los diez o veinte pasos paraba mi carrera y, o regresaba a la celda o daba un paseo para descubrir lugares desconocidos de la abadía. Otras veces me he acercado al portón de entrada a la iglesia para escuchar los hermosos cánticos gregorianos; los más de cuarenta monjes forman un coro excepcional, aunque no pienso que todos canten bien, alguno se mantendrá callado únicamente moviendo los labios. Es curioso, nunca he reparado que muchas de mis músicas “clásicas” favoritas forman parte de la denominada música sacra, ya sea el jubiloso Aleluya de Handel o el rítmico ─y vibrante─ principio del Gloria de Antonio Vivaldi.
     Hoy quiero dormir, intentaré dormir hasta buena mañana o hasta que alguna campanita del corredor me despierte. Estaré escribiendo estas notas hasta que el sueño lo permita.
     Estuve esta mañana un buen rato en la entrada, con el hermano portero y constaté que es mucho más comunicativo en nuestras charlas de madrugada en el claustro de dentro. Es posible que fuese impertinente o inoportuno pero le interrogué sobre el padre prior, el abad. Desde que llegué únicamente he hablado con él dos veces, y en la segunda solo cruzamos unas pocas palabras de correcto saludo. Quizás no hemos empatizado lo suficiente, o existen demasiadas cautelas, no sé. En cierto modo le comprendo muy bien, él no sabe qué me ha traído aquí ni quién me envía. Al hermano portero (aún no conozco su nombre) no le agradó mi pesquisa.
     También le interrogué sobre su vida en el monasterio y ahí fue más explícito. Le dije:
     ─¿No resulta monótona y demasiado rutinaria la vida en un monasterio?
     Se tomó con calma pensar la contestación. Después de un par de silenciosos minutos respondió:
     ─Desde luego, eso es como todo en la vida. También nosotros aquí estamos expuestos a la monotonía, sin duda. Es, incluso, fácil caer en ella ya que las personas hemos sido creadas para darnos a los otros y si, algunos momentos, perdemos este horizonte, o sentido, de entrega nos afectará la monotonía irremediablemente. Creo que ella puede afectar a cualquier estado de vida, se tenga la vocación que se tenga.
     ─¿Y cómo la superan ustedes? ─le seguí preguntando.
     Otra vez tardó un rato en responder. A veces la calma y serenidad de este monje altera la ecuanimidad que intento tener, o aparentar.
     ─Desde que pisamos el monasterio por primera vez y en toda la etapa del noviciado nos repiten en que la oración de la noche, la de antes de irnos a dormir, debe estar dedicada, en parte, a insistir en nuestro amor a Cristo y en nuestro deseo de entrega. Esta es la manera que hace que al levantarnos por la mañana tengamos muy nítido el propósito de nuestras vidas y así poder vivir nuestra entrega con una nueva ilusión.
     Después fui a la hospedería a comer. La sala de la hospedería es muy grande, de techos altos, tiene aspecto de haber sido una antigua capilla. Ahora comenzaban a llegar bastantes personas que pasaban allí varios días. Había mesas de madera maciza para diez comensales, o más, y unas pocas para cuatro. Se nos rogaba que compartiésemos las mesas con otras personas. Haciendo caso de esta preceptiva me dirigí a una mesa pequeña ocupada por una mujer.
     No la había visto antes por allí, supongo que llegaría ayer o anteayer todo lo más. Le saludé cortésmente y le pedí permiso para acompañarla en la mesa, cosa que aceptó con una sonrisa amable.
     ─El silencio puede ser terapéutico, no lo dudo, pero es duro, ¿no? ─le dije para romper el hielo.
     Calculé que edad tendría. Al menos, diez años menos que yo.
     ─Sí, desde luego, pero hay momentos de la vida en que es necesaria, muy necesaria, esa terapia ─hizo una pausa de varios segundos─. No me gusta la palabra terapia, no la considero exacta. El silencio es el estado que nos permite ser conscientes, y ser conscientes se basa en poder contemplar nuestros propios pensamientos.
     Seguimos comiendo envueltos en nuestros pensamientos. Al finalizar le pregunté su nombre:
     ─Ayer me llamaba Dolor, hoy me llamo Esperanza… Mañana deseo llamarme Liberada.
     ─Me encanta su nombre de hoy ─le contesté sonriendo.
     Y añadí:
     ─¿La veré después?
     ─Suele agradarme cenar a las ocho ─respondió sin más.

     Cuando recibí la noticia del nuevo destino ya estaba preparado, no fue ninguna sorpresa; quizás llegó antes de lo que esperaba, eso sí. Tendría unas vacaciones de dos semanas y después pasaría unos pocos meses en Nueva York, en la central, para prepararme en todos los asuntos concernientes al nuevo destino. Realmente no citaban cuál sería ese destino, pero tenía firmes sospechas ─y fundadas─ de que sería algún lugar del continente asiático. Desde luego no me agradaba, prefería algo no tan lejano ni tan distinto. Pero no podía hacer nada, eso se tramitaba a unos niveles fuera de mi alcance. Las cortas vacaciones las pasaría en casa, en España. Dos semanas pasaban pronto, pero en K. P. Normand las cosas eran así, todo veloz, supersónico.
     En uno de los ratos que conversé con el obispo Bergoglio él se lamentó de mi relevo pues le hubiese gustado que para el siguiente curso impartiese a los novicios un seminario más elaborado y sin precipitaciones. No le dije nada, pero eso era un factor de liberación para mí. No era satisfactorio aquel compromiso al que me vi obligado por carecer de los reflejos oportunos.
     Me sorprendió con una pregunta:
     ─¿Les has hablado sobre el “magis”?
     ─Imagino que sabe que sí lo he hecho ─le dije─ es un aspecto muy interesante del liderazgo al modo jesuítico pero que tiene conexiones directas con el liderazgo empresarial, aunque, quizás, difieran algo en algunos aspectos. Y sé que las palabras “más” y “todo” son las que más se repiten en los Ejercicios de San Ignacio.
     ─Sí, “magis” es “más” ─contestó monseñor Bergoglio mirando a la lejanía─. Los jesuitas trabajamos mucho esta palabra, nos referimos con ella a la búsqueda del Más, y digo Más con mayúscula. “Magis” en cierto modo es crecer, ir más allá, dar un paso más, incrementar las capacidades… Es el intento de trascender de nuestras posibilidades y competencias para ofrecerlas a los demás, al prójimo.
     Sonreí y le comenté:
     ─Esto me hace recordar el cuento de aquel tipo, un tal Darly o Darby, que invirtió todo su patrimonio para dedicarse a la búsqueda de una veta de oro de la que había tenido noticias. Darby abandonó la excavación cuando le quedaba un metro escaso para llegar a ella y alcanzar el éxito. El “magis” ignaciano me trae siempre a colación que uno de los motivos más corrientes de un desastre es el mal hábito de abandonar un proyecto cuando uno se ve acosado por un fracaso puntual. En K. P. Normand ir siempre “un metro más allá” es un lema muy repetido.
     Bergoglio semicerró los ojos y bajó la barbilla, en un gesto característico suyo, diciendo:
     ─¡Lástima! ¡Es una pena que nos abandones!
     Otra vez miró a lo lejos, como abstraído. Y añadió:
     ─Ya tardaremos bastantes años en volver a vernos, y posiblemente será muy lejos de aquí… muy lejos de Buenos Aires.
Ignacio Pérez Blanquer
Académico de Santa Cecilia