viernes, 19 de enero de 2018

EL MUNDO DE LA MÚSICA. Cap. XV. La música española siglos XIX y XX y (5)

Joaquín Turina (1882-1949)
           
Compositor y pianista español, hijo de un pintor de origen italiano, nació e inició su primera formación musical en Sevilla; recibió clase de piano con Enrique Rodríguez  y de armonía con E. García Torres, revelando pronto sus magníficas dotes para el piano y la composición. Después de revelarse como pianista en la capital andaluza, a los veinte años se trasladó a Madrid con la maleta llena de partituras juveniles, entre ellas una ópera  - La sulamita - que soñaba con estrenar en uno de los teatros de la capital. En Madrid pasó tres años en íntimo contacto  con Manuel de Falla, con quien, además de las clases de piano en el Conservatorio con el maestro Tragó, comparte proyectos e ilusiones.
En otoño de 1905, siguiendo el ejemplo de su amigo, marcha a París y convive con él en el mismo hotel, pero su orientación musical no es la misma que la del compositor gaditano, pues decide ingresar en la Schola Cantorum para estudiar piano con Moszkowski y composición con D’Indy. Pero por consejo de Falla y, sobre todo, de Albéniz, abandona la línea impuesta por la Schola para dedicarse a escribir música netamente española que le abriría las puertas del éxito.
            En 1912 compuso una de sus obras capitales: La procesión del Rocío, poema sinfónico estrenado en Madrid con gran éxito en marzo de 1913. Al año siguiente fija definitivamente su residencia en Madrid, desarrollando una intensa actividad musical en todas las áreas: composición, dirección de orquesta en varios ballets de Diaghiliev, interpretación como pianista solista, acompañante o de cámara; catedrático de composición en el Conservatorio, crítico musical y director de la Comisaría de la Música.



            En 1940 ingresó en la Real Academia de Bellas Artes, leyendo un discurso que versó sobre <<La Arquitectura de la Música>>. Turina, en 1946, escribió una Enciclopedia abreviada de la Música y un Tratado de  Composición.
            Su obra es testimonio elocuente de la música andaluza. Turina nunca dejó de ser fiel a esa corriente artística, con absoluto dominio de la técnica asociada con un marcado lirismo y un gracioso pintoresquismo impresionista. Por otra parte, con Turina, el “cuadro de género” adquiere una prestancia de buen tono que halla su expresión en la música pianística del compositor. Sus piezas para piano suelen dar el predominio a la descripción de breves cuadros que coloca formando series.
            Joaquín Turina también compuso algunas obras religiosas para coro y orquesta, y algunas piezas para órgano.


      
Descubre su música:
-         Piano:
§  Sevilla, (suite pintoresca)
§  Danzas gitanas (1ª y 2ª serie)
§  En el cortijo
§  Recuerdos de mi rincón

-         Orquestales:
§  La procesión del Rocío (poema sinfónico)
§  Sinfonía sevillana
§  Ritmos (fantasía coreográfica)

-         De Cámara:
§  Cuarteto de cuerda, Op.4
§  Trío para piano, violín y violonchelo (dos), Op.35
§  Cuarteto con piano, Op.67

-         Guitarra:
§  Sevillana, Op.29
§  Fandanguillo, Op.36
§  Homenaje a Tárrega, Op.69

-         Vocal:
§  Rima, Op.6 (Bécquer). Tres poemas, Op.81
§  Canto a Sevilla, Op.37 (Muñoz San Roman)

-         Teatro:
§  Margot (comedia lírica en tres actos)
§  Navidad(música de escena)
§  Jardín de Oriente (ópera en un acto)
§  La Anunciación (música de escena)





Jesús Guridi (1886-1961)
           
Compositor y organista español nacido en Vitoria, de familia de músicos, comenzó a estudiar solfeo y piano de la mano de su madre, y continuó su formación en Bilbao con Sainz Besabé. A los diecisiete años marchó a Paris e ingresó en la Schola Cantorum para estudiar piano y órgano con Abel Decaux, y composición con Auguste Serieyx. Luego prosiguió su formación en Lieja y en Colonia, adquiriendo una extraordinaria solidez técnica que se manifiesta en todas sus obras. En Bilbao asumió la dirección de la Sociedad Coral Bilbaína y ocupó las cátedras de órgano y armonía en la Academia de Música y en el Conservatorio de la capital vizcaína. Desde 1939 vivió en Madrid,  donde, en 1955, se hizo cargo de la dirección del Real Conservatorio de Música y también ocupó la cátedra de armonía. Nombrado Académico de la Real Academia de Bellas Artes y colaborador del Instituto Nacional de Musicología, fue una de las personalidades más eminentes de la vida musical española.
            Como compositor, Guridi cultivó con acierto géneros muy diferentes. Desde su primera obra coral, el poema  Así cantan los chicos, para voces blancas y piano, hasta su última: Homenaje a Walt Disney, para piano y orquesta, premio Oscar Esplá en 1956, pasando por la producción sinfónica y teatral, música de cámara, de órgano y cinematográfica. Sus Diez melodías vascas son una muestra orquestal del mejor nacionalismo vasco.
Sus obras más conocidas:
-         Óperas:
§  Mirentxu(Idilio lírico); Amaya (drama lírico en tres actos)
§  Plenilunio y Espatadanza

-         Zarzuelas: El caserío; La meiga;  La cautiva y Peñamariana.

 
-         Orquesta:
§  Una aventura  de Don Quijote; Homenaje a Walt Disney
§  Sinfonía pirenaica; En un barco fenicio
§  Cuartetos 1º y 2º; Elegía para violín y piano

-         Órgano:
§  Misa de San Ignacio; Requiem; Te Deum;
§  Tríptico del buen Pastor; Fantasía…




Salvador Bacarisse (1898-1963)
           
Compositor español, nacido en Madrid, discípulo de Manuel Fdez. Alberdi en piano, y de Conrado del Campo en composición, pronto destacó por sus dotes y fuerte personalidad. Paladín de las nuevas tendencias musicales, sus obras rehúyen de lo fácil, lo pintoresco y lo folklórico. Obtuvo el Premio Nacional de Música en los años 1923 – 1930 - 1934. Fue crítico musical y director de Unión Radio y otros cargos musicales.






Su Concertino para Guitarra, lo escribió para el guitarrista Narciso Yepes, quien, al confesarle el compositor que sentía animadversión por la guitarra, le dijo:
<<Eso es porque nunca me ha oído usted tocar a mí>>.
Cual fue la sorpresa  del genial guitarrista, cuando en su siguiente recital vio aparecer a Bacarisse. Al poco tiempo de haberlo oído le envió la partitura dedicada del bellísimo Concertino, pieza que Narciso Yepes estrenó en París con la Orquesta Nacional de España, dirigida por Ataulfo Argenta, en octubre de 1953.



Joaquín Rodrigo (1901-1999)
           
Compositor español, nacido en Sagunto (Valencia). Invidente desde los tres años - debido a la difteria - inició su formación musical estudiando violín y piano, armonía y composición, en Valencia, con el prestigioso pedagogo Francisco Antich.
En 1924 estrenó Juglares, su primera obra orquestal, en Valencia. En 1927 marchó a París, ingresó en la Escuela Normal de Música donde estudió, hasta 1932, composición con Paul Dukas. Tanto Dukas como Ravel tuvieron una profunda influencia en su producción. Joaquín Rodrigo compuso, como homenaje a su maestro, en el año de su muerte, la Sonata de adiós.
En 1934 regresó a España y se le concedió la beca Conde de Cartagena. Como becario de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando volvió a París para estudiar musicología en el Conservatorio con André Pirro y con Maurice Emmanuel en la Sorbona. Permaneció en París y viajó por Centro-Europa, para volver una vez terminada la guerra civil.
Aunque la obra más famosa de Rodrigo es el Concierto de Aranjuez, para guitarra y orquesta, él nunca fue un buen guitarrista. Su nombre hace referencia a los jardines del Palacio Real de Aranjuez. Su estreno, en 1940, lo consagró como compositor. Dedicado e interpretado por Regino Sainz de la Maza, y otros como Narciso Yepes o Renata Tarragó, ha dado la vuelta al mundo y sigue siendo un éxito internacional duradero. En el Concierto, Rodrigo evoca musicalmente el paisaje, los sonidos y los aromas de los jardines. La guitarra y las fuerzas orquestales se enfrentan de forma inteligente, sin recargar demasiado la textura musical. Según sus palabras:
<< lo que más me preocupa cuando abordo una composición con un imperativo sonoro, como ocurre en los conciertos para un instrumento determinado, es reflejar el carácter de aquel instrumento>>
El estilo de Joaquín Rodrigo, al que él llama <<Neocasticismo>> manifiesta un retorno a la pureza de las viejas estructuras y a las formas tradicionales, una mezcla historicista de tradiciones locales y antiguas, donde melodía y poesía se fusionan en formas y texturas que evocan la sonata clásica, la suite barroca o los madrigales renacentistas
Después del concierto de Aranjuez, compuso otros diez más, entre ellos, el Concierto Pastoral, para flauta y orquesta, en el que respeta la forma clásica y evoca la música de Valencia, y el Concierto como divertimento, para violonchelo y orquesta, que se distingue por su brillo melódico y sus intensos ritmos. Su Adagio nostálgico es especialmente hermoso.
En 1947 se creó para él la Cátedra Manuel de Falla de la Universidad Complutense de Madrid. En 1950 fue elegido miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando; en 1953 recibió la Cruz de Alfonso X el Sabio, y en 1996, el Premio Príncipe de Asturias de las Artes.
Descubre su música:


-         Orquestales:

§  Concierto de Aranjuez, (guitarra y orquesta -1940)

§  Concierto heroico, (piano y orquesta -1942)

§  Concierto de estío, (violín y orquesta -1943)

§  Concerto in modo galante (violoncelo y orquesta -1953)

§  Concierto-serenata (arpa y orquesta -1953)

§  Concierto Andaluz (cuatro guitarras y orquesta -1967)

§  Concierto Madrigal (dos guitarras y orquesta -1968)

§  Concierto para una fiesta (guitarra y orquesta)

§  Concierto Pastoral (flauta y orquesta -1978)

§  Concerto como divertimento (violoncelo y orquesta-1981)

§  Fantasía para un gentil hombre (guitarra y orquesta -1954)

-         Piano:

§  Sonata de adiós (homenaje a Paul Dukas)

§  Sonatas de Castilla

§  Sonata a la española

§  Danzas de España (dos series)

§  Preludio del gallo mañanero

§  A l’hombre de Torre Bermeja




       
Además de música sinfónica escénica para teatro y cine.
Su vasto catálogo de canciones originales se basa en la poesía clásica española, con la guitarra como instrumento acompañante.

Ernesto Halfter (1905- 1989)
Compositor y director de orquesta, nacido en Madrid, hijo de padre de ascendencia prusiana y madre de raíces andaluzas, comenzó muy pronto sus estudios musicales, dedicándose muy joven a la composición. A los trece años ya demostró su gran talento con su obra para piano: Crepúsculos. Sus primeros ensayos llamaron la atención de personalidades muy relevantes en el mundo de la música: Adolfo Salazar, Oscar Esplá, Fernández Arbós, Pérez Casas y, sobre todo, Falla, quien haciendo una excepción le acogió como único discípulo. La relación entre maestro y alumno fue tan estrecha como la de padre e hijo.

En 1923 hizo su presentación en Madrid. La Orquesta Filarmónica, dirigida por Pérez Casas, estrenó sus Dos bocetos sinfónicos: Paisaje muerto y La canción del farolero, que suscitaron curiosidad y polémica por el estilo audaz, desenfadado y modernísimo, sorprendente en un muchacho de dieciocho años aquella manera de desdeñar las formas escolásticas y orientarse hacia la música más atrevida de su época, que los tímidos y conservadores consideraban vitanda, pero tanto los que la elogiaban como los que la vituperaban coincidían en que abría un camino nuevo de esperanza en la música del siglo XX.
En plena juventud era ya un compositor cuajado, con gracia y soltura, inspiración y sabiduría técnica. La Sinfonieta, compuesta para pequeña orquesta  de solistas,  E. Halfter recoge en una atrevida  forma poli-tonal la mejor tradición del siglo XVIII y logra la mejor obra de su generación. Aún hoy no ha perdido su perfume y su garbo. En 1928, dentro del mismo estilo pero acentuando el carácter español, y para una gran orquesta, compone el ballet Sonatina, estrenado en París con gran éxito por la genial “La Argentina”.
A partir de 1928, el ritmo de producción de  E.Halfter disminuye debido, en gran parte, a su actividad como director de la Orquesta Bética de Cámara, creada en Sevilla, con la que recorre España entera dando memorables conciertos, en los que siempre figuraban obras de su maestro Falla, que él conoce mejor que nadie. Pasa largas temporadas en París, Londres y Lisboa, donde reside por haberse casado con la pianista portuguesa Alicia da Cámara Santos, a quien le dedicaría su bellísima Rapsodia portuguesa, para piano y orquesta.
A la muerte de Falla, E. Halfter recibió de la familia del maestro, el encargo más arriesgado que a un músico se le puede hacer: terminar la partitura inacabada de La Atlántida. Con veneración, amor y profundo respeto por la obra de su maestro, puso sus manos en aquel mar de bocetos, borradores, páginas acabadas o sólo esbozadas, hechas, deshechas y rehechas por las exigentes manos de su autor.
Cuando E. Halfter asume la responsabilidad de completar La Atlántida, se enfrenta con el mismo problema que Falla tenía:
<< ¿Cómo tratar musicalmente un tema mitológico de tan vastas proporciones como la descripción del Jardín de las Hespérides conectado con el hundimiento del continente de la Atlántida y el consiguiente castigo de los dioses?>>.
El problema estructural, según Halfter, no radicaba sólo en la forma sino también en el empleo de fórmulas rítmicas, armónicas, melódicas y tímbricas que no siempre tenía en cuenta la verdadera naturaleza del universo sonoro que Falla había concebido para las partes ya terminadas. Aún así, y constatando la dificultad que comporta la alternancia y coincidencia de dos conceptos estéticos en una misma obra, Halfter no renuncia a sus propios esquemas de ordenación en las secciones armonizadas o compuestas por él. De su aportación hay que resaltar dos momentos muy distintos entre sí: “L’hort de les Hespérides” y “La veu divina”, primera y última sección de la segunda parte.
Con gran habilidad ordena el material del que dispone para L’hort de les Hespérides y construye una sección que contribuye al equilibrio estructural, tanto de la segunda parte como de la obra en general. Aunque los recursos melódicos y armónicos que emplea difieren abiertamente del arcaísmo y severidad de las formas modales de Falla, se produce una simbiosis casi natural entre la música de maestro y discípulo.
En la sección “La veu divina”, concebida por Falla como una alternancia entre narración – a cargo del coro – e intervención de la voz divina – a cargo del coro infantil – Halfter crea una estructura rítmica que, entendida como un guión para facilitar el recitado del coro, se adapta al sentido del texto subrayando los rasgos más expresivos.
Aunque algunos impacientes tildan de indolente a E. Halfter por la lentitud con la que evoluciona su trabajo, los que conocen su admiración y respeto por su maestro, ven lógico el tiempo que dedica a cada página, la estudie y la medite para que no oculte el lenguaje de la obra, ni merme la gloria del maestro.
Según Ernesto Halfter La Atlántida es el equivalente español a la Novena Sinfonía de Beethoven o al Parsifal de Richard Wagner.
Academia de Bellas Artes Santa Cecilia

jueves, 18 de enero de 2018

MÚSICA CLÁSICA EUROPEA: LA ÓPERA (29) Rusalka

RUSALKA
  
La ópera en tres actos Rusalka fue escrita por A. Dvoràk con libreto de Jaroslav Kvapil, en una adaptación libre del cuento de Hans C. Andersen: La sirenita. Se estrenó en Praga en 1901. En España, su estreno fue en el Gran Teatre del Liceu en 1924.


 

ARGUMENTO  
Acto I
Rusalka, que es una náyade, una duendecilla de la mitología eslava que normalmente habita en un lago con otras ninfas que se divierten junto al Gnomo del agua. Rusalka se confiesa a él su amor por del Príncipe, un humano. Rusalka desea ser una mujer, y el Gnomo le dice que vaya a ver a la bruja Jezibaba. La bruja acepta satisfacer el deseo de Rusalka, pero le advierte que esa transformación le va  a suponer permanecer muda para siempre.
El Príncipe está de caza en el bosque, con él va el Cazador y todo su séquito, a los que manda a palacio al percibir un ambiente amenazador en el bosque. El Príncipe se encuentra con Rusalka y se enamora de ella y la lleva a su palacio.

Acto II
En el palacio se prepara la boda del Príncipe con Rusalka. El Cuidador de la caza y el Cocinero comentan las novedades. El Príncipe, aunque ama a Rusalka, no deja de permanecer indiferente ante los encantos de la Princesa extranjera, que hace contínuos comentarios acerca del silencio de Rusalka.
Rusalka sufre y este dolor hace que aparezca a su lado el Gnomo que la consuela. Rusalka se da cuenta del error que ha cometido al querer compartir su vida con un hombre. Al final habrá boda, pero entre el príncipe y la Princesa extranjera.

Acto III
Rusalka ha vuelto al lago, pero no puede vivir en él con sus hermanas. Su única posibilidad de recuperar su antigua vida es destruir al hombre que la abandonó. Sin embargo se interpone el amor que siente todavía por él. El Príncipe por su parte, no halla la paz y felicidad en su palacio y vuelve al lago a ver a Rusalka. Cuando se encuentran los dos, el Príncipe recibe el beso de Rusalka, lo que le supone la muerte, sin embargo muere feliz y dichoso en los brazos de su amada.

Es en esta famosa aria, la Canción a la luna, donde le pide a la luna que busque al Príncipe y le diga como lo ama. La traducción es la siguiente:


Luna, que con tu luz iluminas todo
desde las profundidades del cielo
y vagas por la superficie de la tierra
bañando con tu mirada
el hogar de los hombres.
¡Luna, detente un momento
y dime dónde se encuentra mi amor!
Dile, luna plateada,
que es mi brazo quien lo estrecha,
para que se acuerde de mí
al menos un instante.
¡Búscalo por el vasto mundo
y dile, dile que lo espero aquí!
Y si soy yo con quien su alma sueña
que este pensamiento lo despierte.
¡Luna, no te vayas, no te vayas!


sábado, 13 de enero de 2018

EL MUNDO DE LA MÚSICA. Cap. XV. La música española siglos XIX y XX (4)

Enrique Granados (1867-1916)
            Compositor y pianista español, nació en Lérida y pereció ahogado en el naufragio del buque inglés S/S Sussex, torpedeado en el Canal de la Mancha. Estudió piano, en Barcelona, con los maestros Jurnet y Pujol, y armonía y composición con Felipe Pedrell. En París terminó su formación musical y formó, con Pau Casals y Jacques Thibaut, un famoso trío que recorrió toda Europa. Sus programas incluían algunas obras compuestas por él. De vuelta en Barcelona, se dedicó a la composición, a la dirección de orquesta y a la enseñanza. Creó, en 1900, la Academia Granados y la Sociedad de Conciertos Clásicos.
            El ritmo y la armonía no eran los puntos fuertes del arte de Granados. De estilo contenido y aristócrata, contrasta con la fuerza e intensidad de Albéniz. En él, el sentimiento prevalece sobre la pasión; el ensueño sobre las sensaciones. Su epicentro musical no es Andalucía, sino el Madrid ochocentista de Goya y de Ramón de la Cruz. Aunque nadie más alejado del sentimiento trágico de Goya como él, los motivos goyescos obsesionaron su imaginación creadora. Su obra más representativa: Goyescas, nace como suite para piano y, posteriormente, le servirá de base para la composición de una ópera del mismo título, estrenada en el Metropolitan de New York.
Obras más conocidas:
§   Piano: Danzas españolas (12);Goyescas; Capricho español; Aparición;
  Barcarola; Cuentos de juventud; Escenas poéticas (libro de horas);
  Escenas románticas; Allegro de concierto; bocetos; Gavotas (2);
  Cartas de amor; Estudios; Mazurcas, Valses poéticos; Oriental;
  Rapsodia aragonesa; Marchas militares…

§  Vocales: Tonadillas al estilo antiguo (10); Canciones amatorias;
    Canto gitano; L`hierba d’amore
§  Orquesta: Dante (Con mezzosoprano solista); Elisenda (con piano solista)
     
§  Ópera: Goyescas (ópera en dos actos y tres cuadros).

§  Zarzuelas: Miel de la Alcarria; María del Carmen; Petrarca; Picarol;

§  Música de cámara: Preludios (voces y piano); Quinteto con piano;
 Sonata (voces y piano); Romanza (violín y piano)
 Danza gallega (violonchelo y piano)






Manuel de Falla (1876-1946)
Manuel María de los Dolores Falla y Matheu, nació en una casa de la gaditana Plaza de Mina, nº 3, un 23 de noviembre de 1876, cuando Cádiz era todavía el puerto que engarzaba las dos orillas atlánticas. Cuando, desde sus torres miradores, daba la bienvenida a los barcos que arribaban, y la despedida a los que zarpaban, y éstos contestaban a su saludo con la atronadora voz  de su bronco tifón y le decían adiós echando al aire los penachos  blancos o los nubarrones negros que adornaban sus chimeneas.
 Allí, en el acomodado seno familiar transcurren los años de su niñez, los dos primeros septenios de los diez en los que él divide su vida. En una carta que escribió a su biógrafo Roland Manuel describe así su infancia:
<<…en mi primerísima infancia, cuando yo sólo tenía dos o tres años (…) los cantos, las danzas y las historias de la “Morilla” me abrieron las puertas de un mundo maravilloso>>. (la “Morilla” era la sirvienta de la casa familiar)
            En la citada carta, Manuel de Falla, recuerda quien fue su primera profesora de Música: <<… Eloísa Galluzo, una amiga de mi buena madre y, por cierto, una excelente pianista, se encargó de mi iniciación a la música>>.
             Manuel de Falla estudió armonía y composición en Cádiz con Alejandro Odero y Enrique Broca, y aunque su preparación musical era la que se podía esperar de una ciudad de provincia en la linde sur de Europa, Cádiz contaba con   la interpretación anual de las  Siete palabras del Salvador en la Cruz, de Haydn, a la que el niño Falla asistía cada año con su madre, hasta que por primera vez, a los diecisiete años, asistió a un concierto sinfónico y escuchó la música de Grieg y de Beethoven, despertando en él la ilusión de ser compositor. Pero antes que  músico quería ser escritor y, en colaboración con algunos amigos, crea las revistas literarias manuscritas: El Burlón y El Cascabel.
            Pronto Cádiz se le queda pequeño y, en 1897, comienza a desplazarse periódicamente a Madrid para trabajar con el pianista José Tragó que había estudiado en París con Georges Mathias, discípulo que fue de Chopin. Pero es a partir de 1901, cuando conoce a Felipe Pedrell, será quien le haga evolucionar hacia un nacionalismo de nuevo cuño y marcará de manera decisiva sus convicciones estéticas y proceder en su carrera musical.
            En 1904, Falla obtuvo el premio de la Real Academia de Bellas Artes por   la mejor obra teatral de un compositor español: La vida breve, ópera en dos actos, única obra que respeta el esquema de ópera tradicional, en la que el estilo de música andaluz se mezcla con reminiscencias del drama lírico de Massenet, inspirada en el libro Larga historia de “La vida breve” de su amigo, el gaditano Fernández Shaw, a quien conocía desde niño.
En 1907, con la partitura de La vida breve y poco más bajo el brazo, se encamina hacia París y entra de lleno en su quinto septenio. Allí, por mediación de su maestro Paul Dukas, conoce al siempre generoso Albéniz, quien mediará ante  la corona española, a través del marqués de Borja, para conseguirle una sustanciosa beca de mil francos. Entabló una íntima amistad con Debussy y Ravel, que le enseñaron a ver la música desde nuevas perspectivas y la manera de expresarlas, sin llegar a convertirse en impresionista.
 En 1909, al escribir las Cuatro piezas españolas, dice que lo que quiere es expresar musicalmente la impresión, recibida por él, del carácter  y del ambiente de esas cuatro ramas tan distintas de la raza española. Falla configura las cuatro piezas como una suite pianística, mas no renuncia a la estructura genérica de copla y danza.
Aragonesa: es la pieza que abre la serie. Falla crea una estilizada jota en la que mantiene los principios rítmicos y melódicos que caracterizan la popular danza aragonesa.
Cubana: esta suave y cadenciosa pieza surge poco después del desastre de 1898, cuando se perdió Cuba: la “Perla del Caribe”, siempre tan unida a Cádiz. La nostalgia colonial impregna esta pieza con ritmo de guajira.
Montañesa: la escribió tras una gira de cinco conciertos por el norte de España, que él describe así: << ¡Qué emoción me produjo el ambiente y el paisaje  de aquella parte de mi país!… Las campanas lejanas, las canciones lentas y tristes, las danzas, y todo ello con el imponente fondo de las montañas nevadas…>>. No cabe duda que la vocación impresionista está explícita en la descripción y en el subtítulo de la pieza: “Paisaje”.
Andaluza: la última del ciclo, una pequeña obra maestra de sensualidad a flor de piel, de temática genuinamente andaluza, es nítidamente la precursora de la Fantasía Bética. Aires de polo, fandango y malagueña, cohabitan libremente dentro de una típica estructura de copla y danza.



Cuando Falla retorna de París, en noviembre de 1914, tras el estallido de la Primera Guerra Mundial, entre los papeles que porta bajo el brazo trae los apuntes de Noche en los jardines de España, obra concebida y muy difundida en sus primeros años como <<Nuits dans les jardins dÊspagne>>, lo que da cuenta del carácter afrancesado, sin mengua del españolismo, que entraña la partitura de estas tres impresiones sinfónicas. En los tres nocturnos que componen la obra, se combinan armoniosamente la sugerente atmósfera impresionista con los ritmos y acentos genuinamente autóctonos: desde la copla al zorongo o el polo, incluso la soleá, copla del último de los tres nocturnos vinculada con la soleá del cantaor malagueño Juan Breva.
La obra está inspirada en el libro Jardins d`España, del pintor catalán Santiago Rusiñol y dedicada al pianista, también catalán, Ricardo Viñes. Fue proyectada originalmente como una serie de cuatro nocturnos para piano solo, dos de los cuales fueron descartados por Falla, que recompone el proyecto inicial, quedando limitado a tres movimientos para orquesta y piano concertado.
Los títulos de los tres nocturnos son representativos de su vocación andalucista:
1º) En el Generalife, (allegro tranquilo e misterioso)
2º) Danza lejana, (allegro giusto)
3º) En los jardines de la sierra de Córdoba, (vivo)
Los dos últimos aparecen ligados sin solución de continuidad. Ambos recogen aires de danza. El primero, más lánguido y sosegado, irá evolucionando hasta estallar en el rítmico y brillante movimiento que cierra la tríada, con inequívocos acentos de zambra y terminan desvaneciéndose suavemente en un  leve pianísimo.
Este sexto y corto septenio – 1914/1920 -, aunque establecido en Madrid, está marcado por continuos viajes por la geografía española, así como por la estrecha y reciente amistad con el matrimonio de dramaturgos Gregorio Martínez Sierra y María Lejárraga. Con ellos, más con María que con Gregorio, colabora en innumerables proyectos: el ballet  El amor brujo, “gitanería” en la que se alternan y combinan danzas, canciones y recitados, escrita expresamente para Pastora Imperio; la pantomima El corregidor y la molinera, estrenada en el teatro Eslava de Madrid, que revisada y re-orquestada, en 1919, para los ballets rusos de Diaghilev, constituyó uno de de los mayores éxitos de la compañía, con el nuevo título de  El sombrero de tres picos.  Una inconclusa ópera cómica – Fuego fatuo – y diversa música incidental.  En ellas traza los más ricos y variados retratos de la vida andaluza. En  El amor brujo y Fuego fatuo, la pasión y la violenta intensidad del amor entre dos gitanos. En El sombrero de tres picos, la gracia, el genio y la alegría incontenible.




            Cuando en 1920, Falla se va a Granada buscando, según dice su amigo Juan Ramón Jiménez, silencio y tiempo. No encontró ni lo uno ni lo otro, pero Granada le dio armonía, sintonía  y eternidad. Fue un personaje popular y querido por todos, reconocido como una de las figuras claves de la cultura española. Pronto se inserta en la vida intelectual granadina poblada de ciudadanos tan ilustres como el pintor y escultor Miguel Cerón; Fernando de los Ríos acreditado poeta y matemático; el historiador y crítico literario Melchor Fernández Almagro; Antonio Gallego Burín, periodista e historiador de arte, y alcalde de Granada; Emilio García Gómez, filólogo y arabista, Académico de la Lengua y director de la Real Academia de  la Historia; el pintor José María Rodríguez Acosta; Andrés Segovia, guitarrista considerado como el padre del movimiento moderno de la guitarra clásica; y, sobre todo, Federico García Lorca, con quien traba una estrecha amistad basada en una admiración mutua.
            La llegada a Granada conlleva un giro inesperado y sorpresivo en su evolución estética tras la Fantasía Bética, primera obra granadina y última del periodo andalucista.  El título de Bética no tiene ninguna connotación sevillana, sino que pretende rendir homenaje a la raza latino-andaluza. El comedido y mesurado compositor estalla en esta obra desgarrada, violenta, áspera, síntesis y culminación de su periodo andaluz. Con ella, Falla, excelente pianista, recurre a todas las posibilidades técnicas y expresivas del piano, alcanzando la cima del “pianismo” al transponer en el teclado los efectos de la guitarra flamenca. En la Fantasía Bética: lenguaje, ritmos, cadencias, modulaciones,.. Falla rebusca en lo más ancestral de la cultura de su tierra milenaria, hurgando la corteza hasta llegar a las entrañas de la antigua Bética romana.

Con  Fantasía Bética, última obra del periodo andalucista, su música deja de ser la fascinadora, sensual e impresionista de Andalucía, para dar paso a otro lenguaje en el que se impone la austeridad y sobriedad de las tierras altas de Castilla. Se adentra en la fría y orgullosa región castellana, rica en contrastes, para ensanchar la mirada hacia un folklore más remoto y adecuado a su creciente misticismo. Tomás Luis de Victoria, Cristóbal de Morales, Francisco Guerrero y la literatura del Siglo de Oro, son las nuevas referencias de esta nueva etapa, castellana y neoclásica, que aportará obras tan bellas y hermosas como el Retablo de Maese Pedro, fantasía instrumental – pieza para títeres – tal y como se desarrolla en el episodio del Quijote de Cervantes.  Psiché composición sobre un poema de Jean-Aubry, en la que Falla traslada la escena mitológica, de Psiché y Cupido, a la Alhambra, recordando la estancia de Isabel de Farnesio, esposa de Felipe V, e imaginando un concierto de la corte en el tocador de la Reina, situado en una de las torres del Palacio de la Alhambra. El Soneto a Córdoba, composición para soprano y arpa o piano, en homenaje a Góngora en el tercer centenario de su muerte.  Todas ellas concebidas íntegramente en la capital nazarí.
La Suite Homenajes “Pedrielana”, en honor de su maestro Felipe Pedrell, incluye  Hommage pour`Le Tombeau  dedicado a sus amigos Claude Debussy y Paul Dukas.
            Durante su estancia en Granada, alterna su labor creadora con una intensa actividad social y epistolar. Recibe en su Carmen “La Antequeruela” un sinfín de ilustres visitantes: Eugenio d’Ors, Alfredo Casella, Juan Ramón Jiménez, Santiago Rusiñol, Maurice Ravel, Josep María Sert o Ignacio Zuloaga, así como a todo el mundo musical español, con su discípulo y colaborador Ernesto Halffter a la cabeza; y aún le queda tiempo y ganas para embarcarse en aventuras como la organización del Concurso de Cante Jondo de Granada (1922), o la formación de  la Orquesta Bética de Cámara de Sevilla (1924).
            En 1928 comienza la aventura inacabada de La Atlántida, cantata u oratorio, - como a él le gustaba llamarla -, basada en el poema de Jacinto Verdaguer, con ilustraciones de su amigo Josep María Sert. A partir de ese momento, y tras el concierto para clavicémbalo y el soneto a Córdoba, inicia un largo periodo de silencio creativo. Pasa años enfrascado en su proyecto de La Atlántida, disfrutando de  la compañía de su amigo Federico, con quien tantas veces recorrió los pueblos de la Alpujarra “granaína”, hasta que, el 19 de agosto de 1936, el asesinato de su querido amigo lo sumerge en la zozobra de la desazón y su sueño granadino se derrumba. Así, inmerso en la desolación y en el espanto ante el horror nacional, permanece recluido hasta 1939 que decide, después de una intensa lucha de sentimientos encontrados, poner rumbo a Argentina, donde afrontará los últimos siete años de su vida, y desde donde regresará y, ya muerto, surcará de nuevo el océano Atlántico, escenario virtual de su inacabada Atlántida, en un buque de la armada española para ser sepultado en la cripta de la Catedral de Cádiz.
            <<Si un rasgo encontramos en Falla que se proyecte a través de todas y cada una de sus obras, es precisamente su propia personalidad, su espiritualidad entendida no tanto como expresión de unos principios religiosos concretos sino como identificación de su creatividad con lo más auténtico y genuino de las distintas circunstancias históricas, religiosas o mitológicas que han generado el argumento de cada obra. Falla es incansable en la búsqueda de la esencia, y lo esencial se halla implícito, por un lado, en la más pura tradición clásica heredada de sus más directos ancestros, los grandes polifonistas del Renacimiento, y por otro en la música popular. Ambas fuentes de inspiración determinan la concepción de toda su obra>>.
(Edmond Colomer)

            La Atlántida quedó inconclusa a la muerte de Falla. Fueron sus herederos los que pidieron a Ernesto Halfter, su discípulo y hombre de confianza, que se encargara de acabarla. Así lo hizo, y a principios de 1961 la obra estaba terminada y dispuesta para su estreno. Ese mismo año, la noche del 24 de noviembre, se estrenó en el Gran Teatro del Liceo de Barcelona, dirigida por Eduardo Toldrá.
Academia de Bellas Artes Santa Cecilia