miércoles, 20 de septiembre de 2017

NOTA IMPORTANTE: Para la Comunidad Académica y socios

                                                   NOTA IMPORTANTE:

Debido a causas ajenas a la Academia, la ceremonia de Investidura del académico electo, D. José Francisco Estévez, se traslada a las Bodegas Caballero, sita en la C/ San Francisco nº 32, (frente a la Iglesia de los Jesuitas). 
Próximo día 22 de sept. viernes, a las 20:30 hrs.
Academia de Santa

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martes, 19 de septiembre de 2017

ENCUENTROS EN LA ACADEMIA (324) «1842»

No, no se trata de un título orweliano; si fuese así sería un vano intento de emular a un genio. Les cuento. Hace unos días, uno de esos con fuertes calores, decidí buscar una ópera desconocida de algún autor no frecuente y esperar, viéndola, la llegada del frescor nocturno de la mejor manera posible. Después de unas pocas dudas me incliné por una del músico francés Jules Massenet al que conocía levemente por su Werther. Se trataba de Don Quichotteque estaba completa en YouTube. Releí un poco la biografía de Massenet para situarme; se me quedó la fecha de su nacimiento: 1842.
       La obra era interesante, pero transcurrida la primera hora me encontraba un poco cansado; en esos momentos entró la mayor de mis nietas con una vieja edición de un libro de Karl May, miré curioso la portada y, seguidamente la contraportada, en donde había una breve biografía del conocido autor alemán. También había nacido en 1842. Fruncí el ceño con cierto asombro ante la casualidad.
       La temperatura había disminuido un par de grados y decidimos salir, a dar un paseo, por calles en las que circulara algún vientecillo agradable. Desde el parque tomamos Javier de Burgos pretendiendo llegar hasta la Plaza de Peral. La niña me preguntó:
       ─Abuelo, ¿quién era ese señor, Javier de Burgos? ¿Era de Burgos?
       Sonreí un poco pillado.
       ─No. Era un periodista y autor teatral de aquí, de El Puerto. Bastante célebre en su época ─le respondí─. No sé mucho más.
       ─¿Por qué no lo miras en el móvil?
       Sonreí de nuevo. Me apoyé en la pared enfrente del mosaico con el nombre de la calle y me dispuse a informarme más.
       ─Nació aquí en el 1842 ─fue lo primero que le dije, y otra vez puse cara de sorpresa.
       ─¿En esta calle? ─replicó rápida.
       ─No. Creo que no. Sé que esta calle se llamó calle Salinera, o algo parecido. Como casi todas, habrá tenido muchos nombres… Me parece recordar que fue en la calle Larga donde nació, no estoy seguro ─añadí después.
       Le pedí a Carmen una tregua, no tenía suficientes datos como para saciar su sed de saber. Quizás se le olvidaría al rato.
       Mil ochocientos cuarenta y dos, ¡vaya! ¡Menos mal que no soy supersticioso!
       Una vez en casa ─a ella no se le había olvidado Javier de Burgos─ tuve que informarme más.
       De entre sus obras más destacadas hay que señalar “La boda de Luis Alonso”, estrenada en el Teatro de la Zarzuela en Madrid, en enero de 1897. Empezaba así:
«La acción pasa en el barrio extramuros de Cádiz, conocido por Puerta de Tierra, en 1850.

Patio de una casa modesta de un solo piso en el barrio de Puerta de Tierra. Puerta al fondo y dos ventanas bajas de rejas a cada lado, por las cuales se ve el campo. Dos puertas laterales que dan a habitaciones interiores de la casa. Sillas de Vitoria y macetas con flores. Luz espléndida de sol.»


     ─Abuelo, yo también nací en Madrid. ¿Lo sabes?
     ─Sí, claro.
     Javier de Burgos comenzó estudios de ingeniería, pero los abandonó cuando falleció su padre y se enfocó en el periodismo, en Cádiz. También tuvo cierta dedicación a la política. Murió en 1902, el año mismo en el que nació Rafael Alberti.
     ─¿Y quién es Rafael Alberti, abuelo?
     ─Ya te hablaré de Alberti otro día.
     ─Vale ─respondió rotunda y decidida.
     Javier de Burgos escribió bastantes obras, unas setenta aproximadamente, muchas en colaboración con otros autores. Sus libretos retrataban con ingenio y humor la sociedad de su época, con tramas fáciles, divertidas, y con tintes muy populares.
     ─Mil ochocientos cuarenta y dos.
     ─Abuelo, ¿por qué repites tanto ese año?
Ignacio Pérez Blanquer
Académico de BB.AA. Santa Cecilia

miércoles, 13 de septiembre de 2017

EL MUNDO DE LA MÚSICA. CAPÍTULO -XI. Compositores del Romanticismo (4)

Giuseppe Verdi (1813-1901)
Verdi nació en el pueblo de Roncole, en el norte de Italia, cerca de Busseto, provincia de Parma, cuando los franceses eran los dueños de la comarca. Su afición por la música era tan acusada que, siendo niño, su padre le compró un viejo piano. Con sólo diez años ya tocaba el órgano de la iglesia de su pueblo. Comenzó sus estudios musicales en Busseto, donde un comerciante aficionado a la música, enterado de sus excepcionales cualidades, lo llevó a su casa y, además de emplearlo en su negocio, le permitía tocar el piano con su hija. Cuando cumplió los dieciocho años, su protector Barezzi, le consiguió una beca para estudiar en el Conservatorio de Milán, pero no fue admitido. No obstante, permaneció dos años en Milán recibiendo lecciones de composición y orquestación. Al morir el organista de Busseto esperaba sucederle, no fue así, pero se le concedió la dirección de la Sociedad Filarmónica de la ciudad.
En 1836, Verdi se casó con Margherita, la hija de Barezzi. Dos años más tarde se trasladó a Milán, y al año siguiente estrenó, en el teatro de La Scala, su primera ópera: Oberto, conde de San Bonifacio. Su éxito le valió para que el empresario de La Scala, Bartolomeo Merelli, le encargara otras tres óperas. En el año1842 obtuvo su primer gran éxito con Nabuco, una ópera poderosa cuyo tema se basa en la persecución de los judíos por el rey Nabucodonosor de Babilonia. Aquí comenzó su carrera triunfal. Entre 1843 y 1853 viajó por toda Italia y compuso catorce óperas más.


Verdi se alejó del modelo clásico de compositor de ópera. Mantenía el  control sobre todo el proceso de producción de sus obras; no se contentaba con las fórmulas al uso, sino que siempre estaba experimentando con el género. Esa necesidad constante de cambio dio como resultado grandes óperas como el drama psicológico Hernani (1843), la sobrenatural Macbeth (1847), Luisa Miller (1849), ópera basada en la obra teatral “Intriga y amor” de Schiller; y entre los años 1851-1853, las tres óperas más conocidas hoy: Rigoletto, Il trovatore y La Traviata.
A esta década le siguió un largo periodo de tranquilidad, en el que su producción se relajó pero continuó siendo muy variada: Simón Bocanegra (1857), Un baile de máscara (1859), La fuerza del destino (1861), Don Carlos (1867). Con el estreno de esta última pensaba dar por terminada su carrera operística, pero en 1869, recibió una oferta para escribir una ópera destinada a las fiestas de apertura del canal de Suez que no dudó en aceptar. El libreto le sedujo tanto que con él compuso la ópera con la que alcanzaría el zenit de su carrera: Aida. Su espléndida presentación (1871), en El Cairo, fue apoteósica.
Aunque ninguna obra de Verdi encierra elementos políticos, durante mucho tiempo se le asoció con el “Risorgimento”, movimiento nacionalista cuyo objetivo era la unidad del país, objetivo que se consiguió, al término de la guerra entre Cerdeña y Austria, con la liberación de la región natal de Verdi que estaba bajo dominio austriaco. Este acontecimiento lo convirtió en héroe nacional, pues tanto por sus operas como por su apellido -VERDI- , se llegó a utilizar como consigna el grito de <<VIVA VERDI>> que no era más que el acróstico de <<viva Vittorio Emanuele  RDItalia>>, de la monarquía de Saboya, que por entonces era rey  de Cerdeña.
Una de las figuras claves del “Risorgimento” fue Alessandro Manzoni, a quien Verdi le dedicó su Requiem, una de las pocas obras no operísticas estrenada en Milán (1874), en honor del famoso novelista y poeta italiano. La obra, inspirada en la novela “Los novios”, requiere una gran orquesta, seis solistas y un coro doble que se reconoce al instante por su atronador Diesi rae.
Esta obra, junto con las revisiones de Simón Bocanegra, Don Carlos y La fuerza del destino, fue todo lo que produjo hasta su obra Otello, ópera que le sugirió el libretista Arrigo Boito. Tan gran éxito obtuvo en su presentación, que Verdi decidió componer otra ópera basada en la obra Falstaff de Shakespeare. Sería su última ópera. Su última obra fue el Stabat Mater. Murió en Milán (1901).




Sus obras más conocidas: Pulsen en las obras en color, y podrán escuchar algunos fragmentos.
-         Óperas:
§  Nabucco
§  Hernani
§  Macbeth
§  Rigoletto
§  Simón Bocanegra
§  La fuerza del destino
§  Aida
§  Otelo
§  Falstaff
-         Vocal:
§  Ave María, Stabat Mater
§  Requiem, (dedicado al novelista Alessandro Manzoni)


Richard Wagner (1813-1883)
Wagner nació en Leipzig pero muy pronto, tras la muerte de su padre, su madre se casó de nuevo y se trasladaron a Dresde, donde comenzó sus estudios musicales. En 1830 ingresó en la Universidad de Leipzig, donde continuó su formación: aprendió griego para leer a los clásicos, se dedicó con ahínco a estudiar inglés para poder leer a Shakespeare en su propio idioma, y tradujo Romeo y Julieta en verso alemán. También se interesó por la poesía y la mitología alemana. Durante cinco años actuó como maestro de coros y se dedicó a estudiar las obras de otros compositores alemanes, franceses e italianos. Los primeros frutos de sus estudios fueron unos cuantos ejercicios: una sonata, una polonesa y una fantasía.
 Entre los años 1834-1836 trabajó en sus primeros proyectos operísticos:
Las Hadas  y La prohibición de amar. En 1837 se trasladó a Riga para desempeñar el cargo de maestro de coro y director de orquesta. Al vencer su contrato dos años después, marchó a París con la esperanza de poder estrenar allí su ópera Rienzi. Aunque el proyecto fracasó, Wagner entabló interesantes contactos, uno de ellos fue Héctor Berlioz, con quien le unió una fuerte amistad. En 1841 compuso la ópera El holandés errante, también llamada El buque fantasma, inspirada en cuentos de marineros que había oído, dos años antes, en el tormentoso viaje que realizó por mar desde Riga a Londres, en su camino hacia París.



Su siguiente etapa fue Dresde, donde por fin estrenó su ópera Rienzi. Después de su brillante éxito fue nombrado maestro de coro vitalicio de la Ópera de la corte, donde tuvo lugar la primera representación de su primera obra teatral realmente wagneriana: El buque fantasma. Una obra poética y musicalmente nueva, ajustada a ideales artísticos totalmente inusitados para su época. Carecía de la magnificencia y esplendor de Rienzi, y el público la rechazó. Este fracaso no le hizo retroceder un paso, continuó su trabajo en obras cada vez más revolucionarias y novedosas como: Tannhäuser y Lohengrin.
Debido a su participación en el fallido movimiento nacionalista alemán, tuvo que exiliarse a Zúrich, donde le ofrecieron el puesto de maestro de coros que el compositor rechazó para entrar en un periodo de introspección que le llevó a escribir ensayos teórico-filosóficos  tales como “Dans Kunstwerk der Zukunft”    (La obra de arte del futuro),  Arte y Revolución, El judaísmo en la música, - de traza antisemita -, y “Oper und Drama” (Ópera y Drama), donde explica sus ideas sobre la ópera. Wagner concebía el género como una obra de arte total en la que la música, la poesía y las artes visuales trabajan de forma conjunta.


 En los primeros años de su destierro en Zurich, esas ideas se concretaron en su ciclo del Anillo del Nibelungo y en Tristán e Iseo, más conocida como Isolda. En 1853 terminó el libreto del  Anillo del Nibelungo  y comenzó la partitura. Primero compuso El oro del Rin, luego La Walkyria y, por último, la mitad de Sigfrido, pues la interrumpió bruscamente para componer Tristan e Isolda.
En Zurich conoció a Mathilde, joven y bella esposa de un rico hombre de negocios, Otto Wesendonck, que ayudó y protegió a Wagner, tanto que acabó haciéndole una casa en el jardín de su residencia. Wagner aceptó este acto de generosidad como homenaje a su genio y se instaló en ella sin dar muestra alguna de agradecimiento. Allí vivió algún tiempo, circunstancia que propició la relación y el idilio con la señora Wesendonck. Mathilde, criatura delicada y sensitiva con gran afición por las artes, impresionó tanto al compositor que llegó a decir:
 <<Mathilde hizo de aquellos años los más ricos y floridos de mi vida>>.
En ella, Wagner, veía la personificación de sus sueños, así se lo decía en una de sus cartas: <<Muchas veces me ocurre que mis sueños artísticos se convierten en realidad. Tal es la explicación que hay entre ti y Tristán e Iseo. Te doy una y otra vez las gracias desde lo más profundo de mi alma, por haber hecho posible que compusiera Tristán>>.


 En Tristán e Isolda, el más personal y romántico de todos sus dramas: una trágica historia sobre el poder redentor del amor, donde expresa la idea del sacrificio amoroso que redime al hombre de la condenación. Una idea que más tarde llenaría toda su poesía y su música, caracterizada por una armonía experimental y una exuberante orquestación, elementos que se convertirían en      el sello de identidad de Wagner. El mismo tema aparece en Tannhäuser y en Lohengrin, representado en 1866 y 1867 respectivamente. En el año 1868 presentó  Los maestros cantores de Núremberg, que se interpretó en el congreso del partido nacionalsocialista de Núremberg.
         Con el fin de representar el ciclo recién terminado de El anillo del Nibelungo, Wagner construyó, en la pequeña ciudad de Bayreuth, el teatro Festspielhaus, financiado por Luis II de Baviera. Se inauguró en 1876 con la representación completa de la tetralogía del Anillo, y desde entonces ha sido la sede del Festival de Teatro de Bayreuth. Wagner compuso Parsifal, su última ópera, en 1882, y murió al año siguiente en Venecia.
            Pocos compositores han suscitado tantas y tan encendidas polémicas, pero que mejor que quedarnos con la opinión de Einstein:

<<…no debe ser considerado ni juzgado sólo como músico. Este poeta y compositor de una pieza fue, en un grado mucho mayor que Beethoven, un profeta, un artista con una misión; llevaba el drama en la sangre y lo convirtió en drama musical porque la música era para él, el arte supremamente redentor>>.
Academia de BB.AA. Santa Cecilia

martes, 12 de septiembre de 2017

ENCUENTROS EN LA ACADEMIA (323)

 El Seminario Teológico protestante de El Puerto


El Rvdo. Lewen S. Tugwell.
El Rvdo. Roe escribe en octubre de 1877: “En el Puerto de Santa María la Misión está en un estado floreciente, estuve en el culto de apertura de la nueva iglesia y fue muy sorprendente y confortador lo que vi”.

Conmemora la comunidad protestante el 500 aniversario del comienzo de la Reforma. Movimiento impulsado por Lutero y que buscaba un cambio en las estructuras de la Iglesia de Roma en aquellos años. Al no ser posible este cambio por variadas causas, los cristianos quedaron divididos en dos grandes bloques: los católicos y los protestantes.

Durante siglos el enfrentamiento entre ambos grupos fue cruento; varias guerras a lo largo de los siglos XVI y XVII lo corroboran y la aceptación del otro y el respeto a sus ideas no llegaron a consolidarse hasta bien entrado el siglo XIX. España fue de los países más recalcitrantes en aceptar a los protestantes en su territorio, dejando una estela de muerte e intolerancia hacia los miembros de estas comunidades también llamadas disidentes.

El Puerto fue una ciudad donde se asentaría una colonia protestante en el siglo XVIII formada por comerciantes extranjeros a quienes se les toleraba siempre que su culto fuera privado y sin posibilidad de realizar actividades  misionales. Sería a partir de la revolución septembrina de 1868 cuando se permite la apertura de templos protestantes, aunque bajo determinadas condiciones. En 1873 ya está funcionando en El Puerto la primera capilla protestante con su escuela anexa como era costumbre en las comunidades disidentes. A partir de entonces y hasta la Guerra Civil, la presencia de pastores  con su capilla, su cementerio y sus escuelas serán permanentes en nuestra ciudad.

Uno de sucesos más importantes relacionados con la comunidad protestante en El Puerto fue la apertura del primer Seminario en España para preparar a los pastores que posteriormente dirigirían los templos por todo el país. Al frente del mismo se encontraba el reverendo William Moore de la iglesia de Irlanda hasta su muerte y sustitución en 1896 por el nuevo director el pastor inglés Guillermo Douglas. Esta institución se mantuvo activa hasta 1919 en que fue trasladada a Madrid por motivos organizativos. Muchos jóvenes de toda la geografía nacional vinieron a El Puerto a prepararse para su trabajo como pastores de las nuevas capillas que se abrían en el país, manteniendo entre ellos un buen recuerdo de su estancia.

Pienso que aprovechando esta conmemoración del 500 aniversario, la sociedad portuense debería recordar la presencia protestante en El Puerto y su Seminario con la colocación de una placa en la casa donde estuvo situado, en la calle Palacios, anteriormente José Navarrete, número 62. De esta manera también agradeceríamos la labor asistencial y educativa que a lo largo de varias décadas desarrolló y desarrolla la comunidad protestante en nuestra ciudad.

Juan Gómez Fernández
Académico de Santa Cecilia


jueves, 7 de septiembre de 2017

EL MUNDO DE LA MÚSICA. CAPÍTULO -XI. Compositores del Romanticismo (3)

Frederick Chopin (1810-1849)

Chopin nació en Zelazowa Wola, un pueblo cerca de Varsovia. Tuvo una infancia feliz y una esmerada educación. A los cuatro años empezó a recibir clases de piano  con Adalbert Zywny, bajo cuya dirección progresó tan rápido que el día de su octavo cumpleaños hizo su presentación como pianista, interpretando un concierto de  Gyrowetz, en una fiesta de caridad en Varsovia. Su manera de tocar fue muy aplaudida por el público de Varsovia, buen conocedor y muy aficionado a la música, recibió al niño prodigio como a un nuevo Mozart. A los doce años comenzó a estudiar la teoría de la armonía y del contrapunto con el director del Conservatorio de Varsovia. Su formación no sólo fue  musical, pues a los catorce años ya escribió, en colaboración con su hermana, una comedia que los cuatro hermanos representaron el día del cumpleaños de su padre. Dicen que Chopin tenía grandes dotes de actor.
Su segundo concierto público, a los quince años, fue en presencia del zar Alejandro que había expresado su deseo de oírlo tocar un nuevo instrumento, el  Aelopantalon, una mezcla de armonio y piano, inventado por un carpintero de Varsovia. Tan satisfecho quedó el zar que le regaló una sortija de brillantes. Ese mismo año publicó su primera composición para piano: Rondó Op.1. Desde entonces la música fue su única ocupación. Muchas de las obras más famosas de Chopin fueron escritas entre los dieciséis y los veintiún años, antes de su marcha a París. A este periodo pertenecen, además de los dos primeros conciertos, las Variaciones para piano y orquesta que hizo sobre <<Là ci daren la mano>> del Don Juan de Mozart; el trío en sol menor, y la mayoría de las pequeñas piezas publicadas después de su muerte, con los números Op.68 a 71.


En 1830, el levantamiento de Polonia contra el poder ruso despertó su patriotismo y le inspiró su estudio Op.10 <<Revolucionario>>. En 1831 se estableció en París. Un año después un concierto suyo atrajo la atención de los compositores Listz,  Mendelssohn  y Schumam. Éste, tras oír unas variaciones de Chopin sobre un aria de Mozart, exclamó: <<Caballeros, quitaos los sombreros. ¡Un genio!>>. Chopin se convirtió en habitual de los salones musicales parisinos, donde tocaba con frecuencia para la clase alta y burguesa.
            En 1836, Chopin conoció a la escritora George Sand, con quien mantuvo una relación amorosa hasta 1847. Fue la década más productiva en su carrera de compositor. De esa época son: los Preludios, Op.28 (inspirados en Bach); la imponente Polonesa en La bemol mayor, Op.53; el alegre Vals del minuto, Op.64; la Sonata para piano en Si bemol menor, Op.15, que contiene la famosa marcha fúnebre, tal vez el mayor regalo que haya hecho a la cultura popular.



Robert y Clara Schumann (1810-1856) / (1819-1896)

Robert Schumann nació en Zwickau (Sajonia), hijo de un librero, editor y novelista. Creció rodeado de libros y en un ambiente  literario. Leía mucho – su autor favorito era el novelista romántico Jean Paul Richter - e incluso llegó a escribir varias novelas. Comenzó a estudiar piano a los siete años y pronto se hizo evidente su talento para la improvisación. Dos años más tarde empezó a tomar clases de piano con el famoso pedagogo Friedrich Wieck, allí conoció a su hija Clara, de nueve años, también aprendiendo piano con su padre. Dieciséis años más tarde, en 1840, se casaron.
Clara Wieck comenzó a dar conciertos a los trece años y se fraguó una reputación internacional como pianista. En cambio la carrera pianística de Schumann se truncó porque se lesionó dos dedos de su mano derecha. Aunque Clara fue más famosa como pianista, también empezó a componer a temprana edad. Su obra, casi toda para piano, oscila entre preludios y fugas inspiradas en Bach. El monumental Concierto para piano en La menor, que a sus dieciséis años interpretó con la orquesta del Gewandhaus de Leipzig, tuvo a Mendelssohn     como director.



Cuando, por causa del accidente en su mano derecha, su esperanza de ser un virtuoso pianista se esfumó, Schumann se dedicó a componer obras para piano, como las Variaciones Abegg, Op.1 y Papillons, Op.2. En 1834 se embarca en un proyecto editorial y literario: la Neue Zeitschrift für Musik – revista de música dedicada a la crítica  musical contemporánea.
Schumann fue un compositor romántico en el verdadero sentido de la palabra. Su música contiene todo el entusiasmo exuberante y negligente, la soñadora melancolía y la profunda desesperación de la juventud. En su concepto, la única misión de la música es expresar los sentimientos del compositor. Para él componer no significa construir una estructura musical por medio de notas, sino dar expresión a la personalidad del compositor. Shumann no necesitaba programa para sus composiciones, para él, la música se bastaba a sí misma. Sobre su concepto de la música escribió:
<<La gente encuentra en la música expresiones de dolor, de alegría o de melancolía; pero no las huellas de otras pasiones como la rabia o el llanto, lo que le impide penetrar a fondo en la obra y captar los estados de ánimo del compositor>>.
            El año de la boda (1840) con Clara Wieck, sería también el año del Lied, pues compuso dos de sus mejores ciclos de Lieder: Frauenliebe und lieben (amor y vida de mujer) y Dichterliebe (amor de poeta).
            En ningún otro género se reveló el genio de Schumann tan completamente como en el Lied. Cualquier pianista encuentra en los acompañamientos de estas canciones, las expresiones más características del estilo musical de Schumann, que sobrepasó con mucho el mundo limitado de Schubert.
            Pronto, Schumann, se dio cuenta de que el piano era demasiado limitado para su exigencia, y en 1841 dedicó su interés a la música para orquesta o para piano y orquesta. En los años sucesivos volvió a la música de cámara, y en las mejores composiciones de este periodo logró cuajar una completa síntesis de fantasía juvenil y de madura fuerza expresiva.
            Sus sinfonías son más bien inspirados cuadros emotivos que estructuras sinfónicas meditadas y construidas llenas de un lirismo espontáneo, fuerza expresiva y poesía, pero les falta programa sinfónico.



Algunas de sus obras: Pulsen en las de color para escucharlas.
§  Quinteto para piano y cuerda, en Bi bemol mayor, Op.44
§  Concierto para piano, en La menor, Op.54
§  Concierto para violonchelo, en La menor, Op.129
§  Concierto para violín, en Re menor (su última obra)
§  Piezas fantásticas (3), para clarinete y piano, Op.73
§  Fantasía, Op.16, “Kreisleriana”
§  Oratorios: ”El Paraíso y la Peri, Op.50
         - “La peregrinación de la rosa, Op.112
§  Lieder: “Mirtos” (26); “Primavera de amor” (12)
- “Rosa, mar y sol”; “Amor, vida y mujer” (8)
- “Amor de poeta” (7);
-  Liebeslied “Canción de amor” (Poema de Goethe)
-  Liederkreis, Op.39 (12 poemas de Eichendorff)
§  Álbum de canciones para la juventud, Op.79
§  Romanzas y baladas-II Op.49: “Los dos granaderos”


Franz Liszt (1811-1886)
           
Nacido en Raiding, una región húngara de habla alemana, pronto se le reconoció su prodigioso talento musical. De niño conoció a Beethoven y estudió con Karl Czerny, brillante pedagogo y profesor de piano que al oír tocar al niño exclamó: << ¡No he escuchado un talento semejante desde Schubert! >>. Cuando el padre fue a pagarle la primera lección, Czerny no quiso aceptar el dinero diciendo que el escuchar al niño era suficiente recompensa. Liszt sacó tanto provecho de su maestro que le dedicó su “Études d’exécution transcendante”, tratado de estudios sobre piano que ampliaba el de su profesor de forma más amena y didáctica. Después de dos años de estudio, se le permitió a Franz tocar el piano para el público vienés, el 1 de diciembre de 1823. Tenía sólo doce años. Beethoven que presenció el concierto, al acabar subió al tablado, beso al niño en la frente y exclamó: <<Se hablará mucho de él>>.
            Ese mismo año, Listz, marchó a París provisto de una carta de presentación del príncipe Metternich, solicitando su ingreso en el conservatorio. Su solicitud fue denegada por una ley que prohibía la admisión de extranjeros. Respaldado por sus excelentes referencias no tardó en tener acceso a los círculos musicales y sociales más selectos de la ciudad. Después de un concierto en privado, dio otro en la Ópera de Paris. Las críticas de los periódicos eran tan elogiosas que, más que críticas, parecían la descripción de un romance amoroso:
<<…los miembros de la orquesta estaban tan subyugados por la música de Listz, que se olvidaron de prestar atención a sus cuadernos>>. <<Le petit Listz era la sensación de París>>. <<La gente quedaba sobrecogida por su fascinante ejecución, su excepcional técnica y su encantadora personalidad. Las mujeres le adoraban>>.
El mismo éxito se repitió en Londres y Manchester. Al año siguiente, la ópera de Listz: Don Sancho, tuvo un éxito enorme.
            A continuación, Listz, realizó una gira por Francia, Suiza y los Países Bajos, pero su placer por interpretar en público decayó considerablemente. Se sentía solo y busco consuelo en la religión. Se enfrascó, día y noche, en la lectura de la Biblia y otros libros religiosos. Poco después le dijo a su padre que quería ser sacerdote. Su padre le contestó: <<Tú perteneces al arte y no a la Iglesia>>.  



            Durante la ausencia de Listz, en París, un nuevo virtuoso del piano, el austriaco Sigismund Thalberg, acaparó la atención y pasó a ser el ídolo del público parisino. Herido en su vanidad, Listz, para dejar sentado que él era el pianista más notable de su época, propició la celebración, a modo de duelo, de un concierto entre ambos, interpretando cada uno sus propias composiciones. Listz siguió siendo el indiscutible “rey del piano y pianista del futuro”. Así lo declaró Berlioz.
Entre 1840-1848, Listz, para cumplir con sus compromisos, se dedicó a realizar giras como concertista que eran procesiones triunfales. En 1848, cansado de las agotadoras giras y de dar conciertos, aceptó el puesto de director de la orquesta del gran duque de Weimar, donde se estableció durante muchos años.  Allí se concentró en su labor de director de orquesta y en su actividad de compositor, dedicándose también a dar ocasión de revelarse a jóvenes compositores desconocidos.
Listz se había pasado la vida componiendo obras para piano; en sus giras de conciertos había llevado a cabo arreglos efectistas de melodías de óperas y otras obras similares. Su sentido de las posibilidades del piano era tal que podía transformar la más complicada de las obras orquestales en excelente pieza de piano. Pero, poco a poco, fue interesándose por la composición independiente y escribió una serie de poéticas piezas para piano a las que imprimió su técnica y su brillante estilo. Estas piezas, con sus figuras cromáticas, sus pasajes armónicos y su acompañamiento en terceras forman, por sí solas, un estilo pianístico totalmente nuevo. Simultáneamente empezó a interesarse por la orquesta y, basándose en las sinfonías programáticas de Berlioz, creó una forma propia: el poema sinfónico de un solo movimiento.


Su estancia en Weimar fue muy fecunda en producción. Las composiciones de este periodo comprenden: Conciertos para piano que incluye “Años de peregrinaje”; Sonatas para piano en Sí menor; Grandes estudios para piano; y las Sinfonía Fausto de Goethe y Sinfonía de la Divina Comedia de Dante.
Listz compuso trece Poemas sinfónicos, piezas orquestales, de entre diez y treinta minutos de duración. A diferencia de la sinfonía, el poema sinfónico se considera música programática - no música pura – sino la narración de una historia o la descripción de un elemento extra musical, como una tormenta o un paisaje. Los poemas sinfónicos de Listz suelen estar inspirados en fuentes literarias como Tasso, a partir de poemas de Lord Byron, o Hamlet, obra teatral de Shakespeare.
En 1849, Richard Wagner fue a Weimar. Entre ambos compositores brotó una cálida amistad, y Listz  se convirtió en el más ferviente admirador de su música que, durante años, no fue bien aceptada. Listz dimitió de su cargo de director de orquesta de Weimar en 1859, y dos años más tarde abandonó la ciudad. Listz se trasladó a Roma y, durante ocho años, se dedicó al estudio de temas eclesiásticos, trabajó en la mejora de la música religiosa y en composiciones tan serias como los oratorios Christus y Santa Isabel. Fue recompensado, en 1865,  con el título honorario de abate, pero no fue consagrado hasta 1879.



En 1869, Listz regresó a Weimar y reanudó su actividad como profesor de piano. En sus clases no daba “lecciones”, en el sentido usual de la palabra. Le gustaba rodearse de gente joven, compartir su vida diaria y ser la figura central en todas las veladas. En 1870 aceptó el ofrecimiento del emperador, ocupando el cargo de director de la Academia de Música del Estado de Budapest. Los últimos años de su vida los dedicó a la enseñanza. Por su academia pasaron grandes pianistas como Isaac Albéniz, que nos ha hecho llegar su sistema.

El significado de Listz en la historia de la música es inmenso. Notabilísimo director de orquesta, poseía el don supremo de identificarse con la música de la obra que dirigía. Descubridor y explotador de todas las posibilidades del instrumento, creó un estilo pianístico totalmente nuevo e hizo avanzar tanto la técnica como la evolución del piano más que ningún otro. Fue uno de los mejores técnicos del piano de todos los tiempos, y uno de los mejores maestros del mundo. Como compositor ideó un nuevo tipo de música nacionalista en sus Rapsodias húngaras. Su manera de tratar la sonata era completamente original, y desarrolló  el poema sinfónico en un solo movimiento. Era un osado reformador de armonías; sus modulaciones y su utilización del cromatismo significaron un importante avance, injustamente atribuido a Wagner.

Hay que destacar la importancia de la ayuda que prestó Listz a las escuelas nacionales de Europa, y el apoyo económico que dio a compositores de la talla de Borodin, Rimsky-Korsakoff,  Cesar Frank, Sgambati, Saint-Säens, Grieg, Smetana, Albéniz…, en resumen, a todos los fundadores de las nuevas escuelas de Rusia, Italia, Francia, Noruega, Bohemia y España.


Otras obras:
-         Annéess de pèlegrinaje
-         Rapsodia húngara
-         Concierto para piano nº1
-         Prometeo
-         RigoletoParaphrase

-         Vals Mefisto nº3

Academia de BB.AA. Santa Cecilia